Uno de los miedos más profundos del hombre es la muerte; todos temen la llegada de ese momento cuando el cuerpo deja de ser funcional y se convierte solamente en materia inanimada. No se piensa en la muerte aunque esta exista, hacerlo implicaría angustiarse y, por tanto, dejar de disfrutar la vida diaria. Se suprime de la consciencia ese último estado que viene agregado al ciclo de la vida, supresión que sin lugar a dudas nos habla del instinto de vida que Freud denominó como Eros.

Sin embargo, hay algo más incierto y desconocido a lo que le teme la mayoría de las personas, me refiero al hecho de ser enterrado vivo, la fobia a que su eros quede anulado de un momento a otro le mantiene siempre en las fronteras de la incertidumbre y la paranoia; cuando nos referimos a personas que han sido enterradas vivas, tenemos que hablar de los extraños casos de catatonias que por algunos médicos es tomada como "la muerte disimulada"; en muchos casos el que lo padece no pierde ninguno de sus sentidos, lo que hace que pueda escuchar, ver, oler y sentir todo lo que está ocurriendo a su alrededor.

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La imposibilidad de poder alertar a los otros de que aún se sigue vivo, le hace pensar al catatónico que en caso de no salir de ese estado puede ser enterrado vivo, lo que provoca que su miedo se dispare hasta el paroxismo.

Uno de los casos más conocidos sobre catatonia data de 1902; una joven argentina de 19 años de edad que respondía al nombre Rufina Cambaceres, el día de su cumpleaños sufre uno de estos ataques, por lo que fue dada por muerta y enterrada esa misma tarde, para que días después reaccionara y muriera de asfixia, pánico y angustia al saberse enterrada.

Es precisamente por casos como este como después, comienzan a estructurarse mitos y leyendas como la de los muertos vivientes, vampiros u otros personajes que tuvieron su auge en la edad media, cuando la ciencia y el conocimiento aun eran bastantes primitivos, lo que llevaba a castigar de la manera más inhumana a toda persona que estaba fuera de la normalidad.

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La misma literatura se ha encargado de hacer más tenebroso el acto de ser enterrado vivo, recordemos rápidamente el célebre cuento de Edgar Allan Poe, "El entierro prematuro", el cual sirve para ilustrarnos brevemente de la historia de este padecimiento, dándonos algunas referencias clínicas e históricas, demostrándonos así, que la ficción muchas veces se ve completamente superada por la realidad.

Sin embargo, hoy en día es difícil que alguien sea enterrado vivo, pues los avances de la ciencia permiten exámenes más elaborados para determinar la muerte, lo que antes era visto como un mal bíblico, ahora es tratado como un padecimiento clínico. La luz de la ciencia le quita lo tenebroso a la "muerte disimulada", manteniendo vivo el eros. Con esto, aquellos que tienen miedo a ser enterrados vivos, tienen una probabilidad de salvarse del féretro siempre y cuando se tomen las medidas adecuadas, dejándolos con el único y primigenio de los miedos: la muerte verdadera, de la que nadie puede escapar.

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#El malestar que ocasionan las Enfermedades