No es verdad, ni Alan Taylor, director de Terminator Génesis, ni Laeta Kalogridis y Patrick Lussier quienes la escribieron logran reinventar la franquicia, es notorio que tal vez eso pretendieron, lo que sí supieron entregar, es una buena película de persecuciones, de futuros pasados, armas y robots, nada más.

Las dos de James Cameron quedan en la posteridad, porque además de ser películas de divertimento, poseen una carga emocional de pesadumbre, hastío, desesperación, como si no valiera la pena la existencia humana. De esto mismo carece Terminator Génesis, sin embargo es superior a las dos anteriores del 2003 y 2009.

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Terminator Génesis es divertida en principio por la anécdota, eso de jugar con las líneas de tiempo alterando lo sucedido en 1984, año en el que ocurre la primera de James Cameron es emocionante, el recrear pequeñas escenas de aquélla película para unirla con esta para reconstruirla es padrísimo.

Así es, en esta nueva entrega inicia con lo conocido, el Terminator T-800 es enviado al pasado para matar a Sarah Connor, por lo tanto, Kyle Reese, soldado y compañero de John Connor es también enviado para protegerla, pero al llegar a 1984 la línea del tiempo se ha alterado porque "alguien" envió a otro Terminator aún más al pasado, a los setentas, a proteger a Sarah de niña. Así pues, arranca la película de acción, donde los tres en equipo deben destruir, por supuesto a Skynet ahora disfrazado de un software llamado Génesis, presente en todos los dispositivos móviles, en la #Tecnología armamentista, en los medios, en todos, con un objetivo: destruir a la humanidad.

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Otro punto certero, la elección de Emilia Clarke como la nueva Sarah Connor, no por la fuerza y el semblante amargo que reflejaba Linda Hamilton, porque definitivamente no lo hace, sino porque de pronto, en algunas tomas, en algunos ángulos, sí son parecidas, su mirada, algún gesto, algún modismo la recuerda por momentos.

El desacierto que más pesa es la idea no lograda. Es evidente que se quiso hacer tal vez no una crítica, aunque sí una reflexión de que hoy en día los seres humanos no estamos conectados emocionalmente con otro igual, sino lo que nos une al mundo es que estamos totalmente pegados a las nuevas tecnologías, dependemos virtualmente de todos los gadgets habidos y por haber, y estos a su vez están "enchufados" entre sí formando una red global infinita. Esto suena muy alentador cinematográficamente hablando, pero sólo se queda como mención que se pierde entre todos los efectos visuales y la diversión que causa el ver que están reiniciando la historia para lograr alargar la franquicia cuando ya se daba por muerta.

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Y es que dejan un montón de cabos sueltos para que pudiera ser efectiva la persecución de 2 horas, pero uno de ellos se queda a propósito para darle paso a la ¿segunda parte? ¿sexta? ¡Quién sabe! Buenísima para los adolescentes y gente que quiera ir a comer palomas.

 Una película que cumple con su función por la cual fue concebida: el dinero por el dinero, nada más.  #Cine