De las cuatro novelas de Franz Kafka mi favorita siempre fue El Castillo, aunque el primer gran impacto de este entrañable escritor sucedió en mi vida con El Proceso: literalmente cambió mi percepción de la realidad. En el inventario de su legado pocas veces se menciona América, su novela transcontinental, pero es dolorosa y desconcertante como las otras, aunque extrañamente divertida e irónica.

La Metamorfósis desde el inicio me pareció una novela menor o bien el mejor y más extenso de sus relatos. Debo reconocer sin embargo que con el paso del tiempo se ha impuesto como la obra representativa de Kafka. Probablemente esto se debe a su brevedad -si la consideramos una novela-, mérito nada desdeñable para el lector contemporáneo.

Anuncios
Anuncios

Por supuesto la brevedad, desde la perspectiva de Edgar Allan Poe (léase su Filosofía de la composición), no sólo es un rasgo meritorio sino la condición que preserva el aliento poético esencial de una obra, pues en una obra extensa -argumenta Poe- el efecto poético enrarece hasta desaparecer.

Así que La Metamorfósis nos ofrece intacta la poética kafkiana en unas cuantas páginas, una oferta que el lector contemporáneo no puede rechazar. Pero las desventuras de Gregorio Samsa quien, como ya saben, amanece convertido en un horrible bicho, ocupan un lugar especial en la historia de la literatura. Según Tzvetan Todorov, la novela de Kafka puso de cabeza las reglas del relato fantástico clásico, inaugurando con ello la literatura moderna toda. Pues sí, el suceso extraordinario que desafía las leyes de la naturaleza en el relato fantástico tradicional, suceso que produce incertidumbre y perplejidad en los personajes de la trama (y en el lector, por consecuencia), en La Metamorfosis no es una excepción sino la regla común: Gregorio ha abandonado su antropomorfía, ahora es un insecto, y este hecho extraordinario se incrusta en el realismo de la narración como una palmera en mitad de la Antártida.

Anuncios

Es un golpe bajo en todo sentido. Tal vez por eso Kafka, en su lecho de muerte, exigió la destrucción del original de la obra inédita; tal vez por eso su amigo Max Brod dispuso una publicación póstuma bajo el estigma de una terrible alegoría; tal vez por eso los surrealistas adoptaron a Kafka como su precursor; tal vez por eso la obra del gran escritor checoslovaco lleva como membrete a La Metamorfosis, que ahora cumple sus primeros cien años. #Educación #Libros