En la sala mucha gente se estaba riendo, con eso se puede resumir la película.

En esta nueva entrega de la franquicia de ciencia ficción del robot asesino, nos encontramos con una realidad paralela al arco principal de la historia, donde en Los Ángeles de 1984, Sarah Connor (Emilia Clarke) ya es toda una guerrera como en la cinta Terminator 2: The Judgement Day de 1991. El soldado Kyle Reese (Jay Courtney) se enfrenta a confusiones de tiempo/espacio, pues en la película original, él cuida y enseña a Sarah acerca del futuro, y ahora es relegado al asiento de atrás pues su lugar lo ha tomado el T-800 (Arnold Schwarzenegger).

Alan Taylor, el director, somete al espectador al mismo tipo de filme que hizo con Thor: The Dark World, acción blanda, demasiados diálogos y escenas nada espectaculares.

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Emilia Clarke, en el papel de la madre que educó a su hijo para ser el líder que llevaría a la raza humana a combatir a las maquinas, no podría actuar aunque su vida dependiera de ello. Arnold Schwarzenegger convierte al mítico Terminator en un payaso, y en la primera parte de la película, Kyle Reese nos muestra sus sorprendentes habilidades para gatear. Leyó usted bien, gatear.

Los efectos usados en la cinta no son buenos, a decir verdad, no hay gran diferencia entre el T-1000 de 1991 y el actual. El maquillaje de Schwarzenegger parece retocado por computadora, lo cuál hace que carezca de realismo. El equipo detrás de cámaras: los escritores y el director, dejan demasiados huecos; la narrativa es inconsistente; y hay personajes innecesarios, como el del policía O´Brien, (el flamante ganador del Oscar, J.K.

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Simmons), que, en mi opinión, es completamente desaprovechado como actor.

James Cameron en las dos primeras películas estableció un estándar alto y no creo que haya manera de que un fan de las originales salga satisfecho de la sala de #Cine, pero para las nuevas generaciones que no las conocen, es una introducción a ellas, pues reviven escenas de la primera y es probable que la disfruten.

Lo que Hollywood está haciendo al tratar de complacer audiencias más diversas con un producto, está provocando que un público especifico pierda interés en sus películas. En esta película me refiero en particular a la manera muy forzada de introducir comedia en una cinta que debería de emocionar, impactar y hasta cierto punto, someter a estrés al público. Debo decir que a 2 días de su estreno y en fin de semana, la sala no llegaba ni al 30% de su capacidad; y eso es el reflejo de la falta de pasión por parte de los estudios, que cada vez más exhiben productos como éste. 

"Volveré..." No, no más, por favor. #Arte #Tecnología