En vísperas del quinto centenario de la Conquista de México (¿Algo para festejar?), para el cual faltan solo seis años, ya han comenzados diversos proyectos, películas, exposiciones y manifestaciones diversas que nos invitan a repensar está etapa desde una nueva perspectiva, quizá menos maniquea, sin tantos estigmas ni golpes de orgullo nacional.

 Recién el pasado 13 de agosto se cumplieron 494 años de la caída de Tenochtitlan; sin embargo en nuestro país la fecha suele pasar inadvertida, quizá la mayoría preferiría olvidarla. Sin embargo no debes olvidar que nosotros, como mestizos, somos justo un producto de ese choque entre dos culturas.

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De ese simbólico encuentro en la Malinche y Hernán Cortes, uno de los grandes villanos en nuestra historia.

Basta mencionar su nombre para hacer sangrar la herida. El trauma de la conquista persiste en nuestra idiosincrasia nos guste o no y la figura de Cortés suscita aún emociones encontradas. Incluso resulta difícil reconocer su agudeza; ante las evidencias de su inteligencia, preferimos atribuirle calificativos mesurados por ese mismo trauma: no era inteligente, decimos, era astuto, era maquiavélico.

Liberarnos del mito no es fácil, ya lo intentaron plumas de calidad como José Vasconcelos y Octavio Paz. Este último escribió uno de los mejores ensayos sobre el tema, titulado: “Hernán Cortés: exorcismo y liberación” (Publicado durante 1985, en el marco de los cinco siglos del nacimiento del conquistador) En el cual buscaba precisamente exorcizar el mito del gran villano.

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“A Cortés es difícil quererlo, pero es imposible dejar de admirarlo”, sentencia el Premio Nobel de Literatura en 1990.Actualmente la figura del contradictorio conquistador ha cobrado nueva relevancia en el mundo. 

Entre el primero de diciembre de 2014 y el 3 de mayo de 2015, se presentó en el Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid, la exposición: “Itinerario de Hernán Cortés”, la  primera muestra  en el mundo dedicada a su figura. La exposición, visitada por más de 80 mil personas, reunió alrededor de 400 piezas, casi a mitad de las cuales pertenecen a instituciones mexicanas. Esto último abre la posibilidad de presentarse en nuestro país, a expensas del debate político que esto pudiera generar. Cabe recordar que en 1992 Carlos Fuentes exigió una estatua de Cortés para conmemorar los 500 años de su nacimiento, pero su petición fue impugnada por numerosos intelectuales de la época.

. Los organizadores tuvieron la idea cuatro años antes, durante  una exposición de Alejando Magno, entonces se preguntaron: “¿Cómo alguien que lo había superado no tenía ninguna muestra dedicada?”.

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La comparación puede parecernos exagerada o incluso  pedante; pero basta comparar la magnitud de riquezas y territorio ente los pueblos conquistados por cada uno, para volver a considerarla.

Lejos de entrar en polémicas o debates anacrónicos, Cortés y la historia de la Conquista de México son temas que vale la pena recordar, volver a reflexionar, quitarnos el estigma y quizá también, ¿por qué no?,  reivindicar la figura de uno de los grandes villanos en la historia de México.

Cortés era un seductor por excelencia. Pero además de los problemas de faldas suscitados por este don (como caer de una tapia a sus 17 años mientras visitaba a una mujer casada), supo hacer uso del mismo para seducir igualmente a hombres, reyes y pueblos enteros. Sus estudios truncos en la Universidad de Salamanca y su experiencia como escribano en Valladolid, terminaron de forjar las actitudes de un hábil político. #Gobierno #Cultura Ciudad de México #Sociedad Ciudad de México