El pasado 16 de Agosto se cumplieron noventa y cinco años del natalicio de Charles Bukowsky, el ensayista, poeta, cuentista y novelista que nunca quiso pertenecer a algún círculo o corriente literaria, sino a un mundo en donde todo estaba “podrido” en donde la vida renacía a cada día y los planes de vida no formaban parte de quienes apenas alcanzaban a existir: los marginados.

Como muchos artistas, su obra está claramente basada en su vida. Sus publicaciones hacen una especie de Memorias de aquellos “Escritos de un viejo indecente” título de la columna en que escribía sus primeros relatos. Marcado desde su infancia como un alma atormentada, sin ilusiones, casi sin notarlo se convirtió en un misántropo, algo que parece haber disfrutado el resto de su vida.

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Así se describe en la novela La Senda del Perdedor o en Hijo de Satanás. Saberse horrible y encontrar a alguien con un destino más deplorable, era la solución para mantener aún el mínimo de dignidad o esperanza en que hay cosas peores que uno mismo.

Sus primeros relatos Secuelas de una larga carta de rechazo y 20 tanques de Kasseldown fueron publicados en la prensa cuando él ya tenía veinticuatro años, de donde concluyó dejar de publicar ya que la experiencia le resultó decepcionante. Así consigue empleos temporales que le ayudan a pasar una vida al borde de la nada. Fue hasta pasados sus cuarenta años cuando la producción literaria de Bukowsky toma forma y se reinventa, convirtiéndolo en poco tiempo en el escritor de los barrios marginados, donde habitan hombres que sólo viven para beber y mujeres dedicadas alquilar su cuerpo: el material inherente en su obra.

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De esto está hecha la vida y la escritura de uno de los autores más influyentes de las últimas décadas. Considerado como un “escritor maldito”, relata con mucho humor, irreverencia, sarcasmo y resignación la vida en el hoyo, en el fondo de las coladeras, al final de la barra en la madrugada o al dormir en el basurero; siempre con desconfianza en sus novias, quienes  seguramente, mientras él trataba de salir del hospital, de la cárcel o volver de algún empleo, ellas estarían copulando con alguien más.

Tal vez se deba establecer un esquema si se quiere entender su obra: en sus ensayos es claro, no cree en la vieja y tradicional forma del escritor, el que se inspira, sino en el que tiene algo por contar, de la forma en que lo pueda hacer; su poesía es transparente y sencilla, pero profunda. Establece a veces hermosas analogías como: “…se estaba humedeciendo y abriendo, como una flor bajo la lluvia” (COMO UNA FLOR BAJO LA LLUVIA) o poemas de amor, el amor de los desposeídos; en sus relatos cortos es donde más clara está su autobiografía, una forma de escribir precisa y cruda, sin esconder los traumas y los rencores; es una forma de entender el porqué de su estilo y sus temas.

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La cerveza, el whisky o el vino tinto y las mujeres; en eso está sustentada la segunda mitad de su vida, claro y su inseparable Underwood para testificar. Hay “malas mujeres” a las que inmortaliza por haberlas amado: “Algunos perros que duermen a la noche deben soñar con huesos,  y yo recuerdo tus huesos en la carne…”(ELOGIO AL INFIERNO DE UNA DAMA, poema) o tomando el papel de inquisidor si lo han timado  “la próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de cincuenta, pero mis poemas no...” (A LA PUTA QUE SE LLEVÓ MIS POEMAS, poema). Escritos casi siempre con la compañía de alguna bebida, llegando al grado de preguntarse si es necesario beber para poder escribir y concluyendo: “Ese es el problema con la bebida, pensé, mientras me servía un trago. Si ocurre algo malo, bebes para olvidarlo; si ocurre algo bueno, bebes para celebrarlo; y si no pasa nada, bebes para que pase algo”.

Sin duda, apenas comienza a ser conocido, aceptado y hasta aclamado este estilo frío y crudo de Bukowsky, quien describió a millones de seres, entre los que han muerto y los que aún no nacen. Tal vez de ahí su trascendencia, una obra atemporal y a cada momento actual. #Arte #Educación #Libros