Con ocho décadas y un año a cuestas, el cantautor, novelista y poeta canadiense no considera apartarse de los escenarios, sino seguir disfrutando sobre ellos la mejor de sus celebraciones. Referirse a Leonard Cohen es delimitar perfectamente qué de él es lo más admirable. Algunos dirán que su faceta de escritor (sus novelas o sus poemas) algunos más irán por el cantautor de "Suzanne", "Hallelujah" o "The Future" y el resto probablemente ha sido sometido a su inconfundible voz: “Nací con el regalo de una voz de oro” se justifica en la canción "Tower of Song".

Qué hay en sus canciones, que cineastas como Oliver Stone o Quentin Tarantino incluyen su música en secuencias importantes de sus filmes; o para que la Fundación Príncipe de Asturias le otorgue su galardón destinado a las Letras en 2011; en cuyo discurso de premiación se puede apreciar a un Leonard verdaderamente agradecido con el pueblo español, porque de ahí surgió Federico García Lorca, el hombre que le mostró lo fascinante del uso de la palabra; porque fue también del Flamenco donde las verdaderas ganas de hacer música nacieron.

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Existe una grata relación con el pueblo español, su cultura y su lengua, y seguramente quiso dejar claro ejemplo en su hija Federica.

Dos artistas conviven en él: el novelista y poeta se muestra introspectivo al ser, a los aspectos humanos, filosóficos y espirituales; mientras el cantautor navega sobre temas de amor-seducción, ironías y realidades tangibles. Es en su faceta sobre los escenarios donde más conocido y reconocido es entre ciertos filmes y canciones de tantos otros artistas: “Give me a Leonard Cohen afterworld” suplicó Kurt Cobain en "Pennyroyal Tea".

Actualmente existe un Leonard Cohen músico distinto al que fue hace cuarenta años. Lejos quedaron ya aquellas primeras canciones folk al estilo Bob Dylan y lejos también los sonidos de sintetizadores como base de su música; hoy se escucha a un Cohen hablando tal vez de lo mismo que en aquellos años, pero con un timbre de oro ya perfectamente pulido y una elocuencia al escribir y cantar, que maravillan de verlo sobre el escenario y de escucharlo apenas hablar.

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Es el Leonard Cohen de este tiempo, el que hace Balada Pop, o un poco de Soul o quizás Blues.

Es el poeta y cantautor de todas estas décadas que en dos lenguas distintas hace inmortales sus recuerdos más tormentosos o alegrías mayores, como en "The Partisan" o "Waiting for the Miracle" un judío como el que escribió la Biblia y puede ver "el futuro"; el hombre decidido y capaz de ser lo que su amante quiera o necesite (I’m your man) o desafiando cara a cara a la mentira y la trampa (Everybody knows) o quizá logre descubrir los secretos de David para cantarle y agradar al Señor (Hallelujah). Pero ante todo, es un amante que vive el amor, lo sufre y se resigna (In my Secret Life, Alexandra Leaving).

Larga vida haya aún para este artista, porque de este tipo de letras se han escrito pocas en dos milenios, o, sea porque en dos de las principales esferas de la cultura se escribe el nombre de Leonard Cohen, y al referirse a él, una caravana no sobra y la esperanza de que la plegaria de Kurt sea escuchada. 

Bienvenido el año 81; sinceramente, al Maestro L Cohen.

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