La imagen con sangre entra. Por si no fuera suficiente ingerir diariamente una cantidad brutal de violencia en las portadas de los tabloides, ahora nos encontramos ante una exposición que hace gala precisamente de eso: la violencia en la que vive inmerso nuestro país. “El Estado de las Cosas”, exposición fotográfica instalada en la segunda planta del Foto Museo Cuatro Caminos, es un recorrido sangriento difícil de desentrañar, pero no por ello carente de sentido.

El Foto Museo Cuatro Caminos fue inaugurado a principios de septiembre como una iniciativa de la Fundación Pedro Meyer. Está ubicado a unos metros del Metro Cuatro Caminos, al norte de la ciudad, colindando con el Estado de México.

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Justo ahí donde tanta falta hacía un museo, donde uno llega a pensar que los únicos recintos ‘culturales’ son los cafés y las plazas comerciales

En la planta baja se presenta la exposición “Todo Por Ver”. El espectador se mueve ahí fascinado por la diversidad de imágenes expuestas y la gran cantidad de temas, perspectivas y gamas de tratamiento. La exposición invicta indirectamente a los visitantes a jugar con las imágenes, sacar fotos de fotos, intervenir las mismas, reinterpretarlas y hacerlas propias. A pesar de carecer en un sentido estricto de una visión específica, esta parte del museo cumple el objetivo que el mismo título plantea: llenar la pupila, quizá incluso saturarla.

Al llegar al segundo piso el contaste es apabullante. Desde el principio nos encontramos con un espacio menos abierto.

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Mientras en la parte de abajo es posible recorrer la exposición sin orden alguno, “El Estado de las cosas” está montado en una sala a la cual se entra por el lado izquierdo, para darle toda la vuelta y volver a salir al mismo lugar, pero por el lado derecho. Es una sala mucho más reducida y saturada, prácticamente no hay espacio donde no haya una foto, un video un algo. Predomina el color negro, el audio de los videos es ensordecedor. Es como entrar a una casa del teror.

Desde el principio la advertencia es clara “La exposición contiene imágenes de contenido violento que pueden afectar la sensibilidad de algunas personas”, puede leerse en un muro antes de entrar.  En el mismo se recomienda no ingresar con niños y en caso de hacerlo con adolecentes, procurar que estos estén acompañados de un adulto. 

“Esto no es pornografía de la muerte ni una fosa común. Tampoco es una denuncia más. "El Estado de las cosas" busca combatir la indiferencia de la gente. La exposición zamarrea porque está dedicado a los miles que han matado o han desaparecido durante estos años en los que ha arreciado la impunidad”.

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Con estas palabras concluye el texto introductorio a la exposición, el cual está firmado por Alejandro Almazán, reconocido periodista mexicano especializado en temas de narcotráfico y violencia en el norte de nuestro país. La directora del Foto Museo, María Guadalupe Lara, afirmó durante la inauguración que el título de la exposición aluda a la frase común de “Fue el Estado”, en referencia a los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa.

Aunque gran parte de las imágenes aluden a la violencia desatada por la guerra contra el Narcotráfico, este no es el tema principal. El hilo conductor es simplemente la violencia, con todas sus caras, sus matices, con todo su morbo.

En la primera parte se presenta una serie de fotografías de pueblos desolados y herrumbrosos, muchas de las cuales pertenecen a una serie titulada “Daños Colaterales”; la cual se centra en las repercusiones de las guerra contra el narco, muestra casas, oficinas e incluso balnearios completamente abandonados. Conforme se avanza se presentan, a forma de presagio y advertencia, una par de fotografías de ataúdes; después de las cuales el espectador dobla a la derecha por un pasillo estrecho que lo conduce a otra sección donde la violencia se hace cada vez más evidente en las fotografías, las cuales retratan sobre todo a personas armadas: ejército, sicarios y autodefensas.

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