Xalapa.- Uno de los conciertos destacados del Pre-festival JAZZUV ha sido Afro-Coatepecano, concepto musical que logra una verdadera fusión entre la #Música africana más elemental y el jazz de vanguardia; Wama -antes Maíz Negro- hizo su debut en agosto de 2014, en concierto de titulación de Wilka Vázquez, líder del cuarteto de percusión, formado además por Alejandro Vázquez, Marco Cornejo y Alonso Rodríguez.

Rafael Alcalá al piano, Aldemar Valentín en el bajo y Ramiro González en el saxo tenor, dieron sonido a la parte moderna del concepto, aportando armonía contemporánea y otros arreglos de actualidad, para dar como resultado una narrativa de la evolución de la música de raíz negra, perfecto preludio de lo que escucharemos en el 7º Festival Internacional JAZZUV.

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Con ritmos provenientes de tres etnias de Guinea: Susu, Fula y Malinke, Wama es el resultado de más de una década de trabajo, como reconoce Wilka: “El concepto previo es un ensamble que tengo desde 2002, viajando a África y aprendiendo de maestros de la música guineana, tanto lo tradicional como lo moderno; tenemos consolidado un lenguaje común, repertorio, ritmos, frases y dinámicas de ejecución”.

Jazz: raíces y modernidad

El primer tema del concierto fue Dun Dun Ba, o Danza de los hombres fuertes, en el que con djembé, crin, seke-seke y otros instrumentos, los percusionistas solos nos transportaron al continente negro para “mostrar una forma más cercana a lo tradicional de cómo tocar las raíces africanas”. Con la llegada de los instrumentos modernos, escuchamos Soli , ritmo de la etnia Malinke, usado para rituales de circuncisión: “mi intención era tener propuestas originales, sólo le puse el nombre del ritmo, pusimos armonía y melodía que esté en el estilo y la sonamos”, apuntó el director musical.

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 La fusión llegó a su punto álgido con el tercer tema, Foot Prints, de Wayne Shorter, interpretado con una base rítmica de crines, versión africana del teponaztle, que creando un ritmo llamado Bau, sostuvieron los acordes y melodías impregnados de actualidad de Alcalá, Valentín y González, ya inmersos de lleno en la rítmica. Por último, escuchamos Saint Thomas, de Sonny Rollins, que danzó sobre el ritmo Kuku, relacionado con la pesca en el folclor guineano.

“Mi idea era evidenciar que no es algo ajeno, y eso se vio en el montaje: con Wama se asimilaron las estructuras de los temas, y con los maestros de JAZZUV trabajamos los ritmos, cadencia, acentuación… se dan cuenta de que son cosas que ya están presentes en el jazz y hay un encuentro”, explicó Francisco Wilka con respecto al ensamble entre estilos.

Comunión elemental

Instrumentos de madera, cuero o hueso, no por pretensiones radicalistas, sino por razones ideológicas, llevan a Wilka Vázquez a buscar lo primordial en la música:

“Proyectos como Irakere llegan realmente a conjuntar el jazz y lo africano; esto se debe a que se criaron con lo afrocubano, pero su pasión es el jazz, manejan la raíz pero de una manera implícita, y no es el sonido que quiero desarrollar, quiero que suene como en la tradición”.

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Sin embargo, acorde a su tiempo y realidad, el veracruzano no rehúye de las creaciones actuales, que provienen de un mismo pasado remoto:

“Mi tipo de acústica va mucho los sonidos naturales; lo que transmiten estos instrumentos es de mucho mayor calidad y calidez que lo que te da un instrumento electrónico; pero buscamos la comunión, no están peleados, no importa qué tan contrastante pueda ser, tenemos un origen en común. #Arte #Cultura Veracruz