Xalapa.- El 7º Festival Internacional JAZZUV vivió ayer su primer concierto con un sabor prominentemente mexicano, gracias al Cuarteto de Héctor Infanzón, pianista, compositor y arreglista, considerado como uno de los más emblemáticos del llamado “jazz mexicano”, que procura fusionar el sonido del swing y la #Música afrocubana con ritmos, frases y otros elementos de la música popular de nuestro país. Adrián Infanzón en el bajo, Enrique Nativitas en la batería y Luis Gómez en las congas, convirtieron al Teatro del Estado en una ventana sonora a la vida cotidiana de la Ciudad de México.

Graduado de la Escuela Nacional de Música, y posteriormente del Berklee College of Music, Infanzón ha forjada una carrera que en 30 años se ha visto involucrada con luminarias como Papo Lucca, Carlos Santana, Johnny Pacheco, Dave Valentín y Jeff Berlin, entre otros; la intención de un jazz latino con sabor mexicano permea su música, lo que puede escucharse desde Antropóleo (1989), primera banda del capitalino, y De Manera Personal (1993), su primer álbum como solista.

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Jazz urbano mexicano

Un video proyectado al fondo del escenario, nos retrataba la cotidianeidad capitalina de la que está empapado Héctor Infanzón, que como buen músico es sincero con sus orígenes y realidad: “Yo nací en el centro de la Ciudad de México, y quiero compartir la forma en que yo percibo este lugar emblemático, tanto a nivel histórico como personal”, expresó el pianista, al introducir a la audiencia a este pasaje chilango pintado en jazz.

Huapango, son, salsa, además de remates y fraseos dignos de una banda de música popular mexicana, se aprecian en temas como “El Vago”, un personaje en el que cualquiera de nosotros puede convertirse, al ser seducido por la curiosidad que despierta la urbe azteca; así nos trasportaba el cuarteto de Infanzón a las calles del DF: urbano, latino, cambiante, y a la vez sensible, alegre y multicolor.

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No, porque me acuerdo fue un tema que, aunque de tono melancólico, conservaba la fuerza y riqueza de nuestra cultura popular: “Uno sale al mercado, se encuentra a la señora de los tamales, la esquina del periódico, la librería, la cafetería, las cantinas… pero de repente, me encuentro con un edificio de 60 años que desapareció en aras de la modernidad, y viene una nostalgia por esos lugares , esas personas, esas historias…”, compartió el invitado.

 

Inspiración cotidiana

La música llegó más allá de lo convencional en este concierto, pues inspirado en el exceso demográfico de su ciudad natal, Infanzón llevó a sus colegas a convertirse junto con el en su propia percusión, y aludiendo a los roces humanos obligados en las calles, compuso una pieza rítmica, que los músicos ejecutan sólo palmeando diversas partes de sus cuerpos, tanto en conjunto como individualmente.

“Hay un lugar del centro de la Ciudad de México que me encanta atravesar, es el cruce de Madero con Eje Central, donde está la Torre Latino; siempre hay una cantidad impresionante de gente esperando el semáforo, y el cruce parece una lucha medieval: el choque de cuerpos, las miradas, como si fueran espadas, hachas… todo empieza con el sonido del cuerpo”.

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Es así como la creatividad y vocación artística de este importante músico mexicano cumplió en el festival jalapeño con una función primordial del jazz y de toda la música, plasmar en sonido la realidad, no sólo para transportarnos mental y emocionalmente, sino para embellecer aún más nuestra cultura. #Cultura Veracruz #Conciertos