Xalapa.- Un tumbao penetrante se escuchaba desde un buen tramo antes de llegar al foro Miguel Herrera de la Casa del Lago de la Universidad Veracruzana (UV), conforme se avanzaba al lado de la enorme fila humana, se hacía más inconfundible; y al final, la fuente del ritmo: Horacio “El Negro” Hernández tocando su batería como siempre, sin parar, amenizando la entrada a su clase maestra, en el 7º Festival Internacional JAZZUV.

Quizá lo más impactante de “El Negro” no sea su meteórica carrera, sobre todo en el jazz latino, que incluye colaboraciones con otras leyendas como Chico O’Farrill, Tito Puente, Paquito D’ Rivera, Chucho Valdés, Michel Camilo o Arturo Sandoval –también reconocimientos mundiales como el Premio Grammy (2001) por su álbum Live at The Blue Note y el Doctorado Honoris Causa del Berklee College of Music-; quizá su mayor don esté en recibir y dirigirse a la audiencia como si no fuera responsable por todos esos logros, con la sencillez de los virtuosos.

Anuncios
Anuncios

Luego de narrar un contexto histórico sobre la batería latina, y subrayar la importancia de escuchar a cada uno de los instrumentos que integran el set de percusión, el Maestro Hernández destacó la importancia del acervo histórico musical: “Esto se trata de frases que nos han dejado por siglos los grandes maestros que han estado antes que nosotros en esta tierra; entonces, si nos encerramos a estudiar 26 horas al día, pero no escuchamos un disco, estamos perdidos”.

 

Los cinco elementos

No sólo con un discurso ameno y cálido, sino con constantes demostraciones prácticas sobre “tarola” y baquetas, el gran músico cubano destacaba las principales habilidades de un buen baterista: “Debemos tener una técnica depurada, bella… La palabra más importante para los bateristas es: precisión, esa es nuestra labor; si la nota no es exacta, la intensidad no importa”.

Anuncios

La segunda facultad fundamental es la coordinación o independencia de los miembros, explicó el invitado: “Es la ciencia que no sólo nos enseña a tocar cuatro ritmos distintos con nuestras extremidades, sino a tener un quinto elemento, que es el estar alerta a todo lo que está sucediendo en el escenario para poder responder instantáneamente, no hay tiempo para pensar; esto se desarrolla a través de la voz, de cantar melodías a la vez que estamos tocando”.

 La clave de la vida

“La clave no es un ritmo exacto que se pueda programar en una computadora, y si se pudiera, no tendría el sabor y el swing que le damos los humanos. El ritmo es uno solo: es 4/4 y 6/8 a la misma vez, y la clave está ‘nadando’ entre esas dos subdivisiones todo el tiempo”, explicó el Maestro Hernández, demostrándolo en la práctica paso a paso, contando golpe por golpe, evidenciando silencios , cadencia y técnica física.

Hace poco más de un año, Horacio Hernández sufrió una afección en la columna vertebral que amenazaba con paralizarlo, y después de una afortunada cirugía, su ritmo se recuperó y sigue latiendo hasta hoy; el amor a la #Música fue su terapia y liberación: “Fue como un renacer, porque ahora siento que tengo que estudiar más, porque tengo que batirme con eso.

Anuncios

La música me salvó de la cárcel, del comunismo y de la muerte”.

Ésta fue sin duda una de las clases más sabias, completas y emotivas que se han presenciado en el Festival JAZZUV, no sólo por el genio e importancia musical del protagonista, sino por transmitirnos una verdad de vida tan cierta como que el universo es musical: silencio, armonía y ritmo. #Arte #Cultura Veracruz