En esta ciudad todos somos peones. Carne de cañón más o menos valorada según las circunstancia de nuestra posición. Cada quien con sus sueños de realeza conquistables al otro extremo del tablero. Frágiles ante otras piezas de mayor envergadura. Materia de cambio. Pero algunas veces un peón, un ‘pinche’ peón, puede marcar la diferencia. La diferencia entre uno y otro bando, por mínima que esta sea, es la esencia  del ajedrez. Esto es, básicamente, lo que aprendí el domingo pasado después de pasar cerca de cuatro horas en la estación del metro Mixcoac.

No esperaba a nadie, más bien otros me esperaban. Pero yo, empecinado, decidí llegar hasta las últimas consecuencias: perder casi todas, menos una, de las partidas que jugué en el torneo de Ajedrez Rápido en el Metro Mixcoac.

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Usualmente en el metro la gente camina rápido, pasa de largo incluso ante las circunstancias y los personajes más insospechados. Algunas veces, unos se detienen un par de minutos en las exposiciones temporales que ‘adornan’ algunas estaciones. O en el Túnel de la Ciencia, del metro la Raza, donde puede uno buscarse entre los signos zodiacales o encontrarse con otro u otra en la cómplice oscuridad de un pasillo que es también el cosmos.

Pero cuatro horas en el metro, sin moverse de una estación a otra o caminar entre los trasbordes, parece en verdad un exceso. Soy incapaz de imaginar otra razón por la cual pudiera alguien permanecer tanto tiempo en una misma estación. Solo esta: un torneo de ajedrez.

En el transborde entre la línea 7 y la 12 en Mixcoac hay un espacio perdido, una zona sin sentido, producto seguramente de una mágica planeación de quienes diseñaron nuestra ‘magnifica’ línea dorada.

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Es en apariencia una salida alterna, hay torniquetes y un amplio pasillo que al parecer conduciría a otra salida a la superficie, la cual no existe. Pero no fue un error, en realidad estaba planeado así (con todo y torniquetes) para convertirse en un espacio cultural donde desde hace tres años se han presentado obras de teatro, grupos de rock, folclóricos, magos y algunas exposiciones anodinas.

En ese mismo espacio se realizan ahora, cada domingo de 9 a 14:00 horas, la convivencia de Ajedrez Metro Rápido. El lugar parecía destinado para esta función. El proyecto es organizado en conjunto por el Sistema de Trasporte Colectivo Metro, la Federación Nacional de Ajedrez de México y la Asociación de Clubes de Ajedrez de la Ciudad de México. Originalmente se contemplaba realizarlo en seis estaciones: Atlalilco, Zapata, Chabacano, Constituyentes, Ermita y Polanco. Pero esta última fue sustituida, debido al espacio limitado, por Mixcoac. El proyecto comenzó a principio de octubre y desde el segundo domingo del mismo mes se trasladó también a esta estación.

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El metro, Mixcoac en este caso específico, demuestra una vez más su capacidad para generar espacios de convivencia insospechados.

Además de dos torneos semanales, uno de Ajedrez Rápido y otro de Ajedrez Blitz, se imparten clases gratuitas con maestras certificadas por el SICCED (Sistema de Capacitación y Certificación para. Entrenadores Deportivos) y se ponen a disposición de cualquier persona el espacio y los tableros para jugar ajedrez.

La gente pasa, se encuentra de improviso con una sala de ajedrez en el metro y así, casualmente, como hubieran podido detenerse algunos minutos a leer los encabezados de notas rojas en los tabloides, se detienen a ver cómo juegan los otros o, por qué no, intentan jugar ellos mismos, aunque muchos no sepan ni cómo.

Uno de los árbitros y organizadores de este evento comenta que alrededor del 50% de las personas que se acercan a las mesas desconocen el juego; muchos saben que existe, pero ignoran los movimientos de las piezas o saben un poco de esto, pero carecen por completo de estrategia para del juego. 

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