Los propósitos de año nuevo empiezan en el festejo de la Nochevieja antes o después de la cena con los consabidos ritos de entrada de año. La variedad y colorido, pintoresquismo -o ridiculez, la verdad sea dicha – de estos ritos se repiten una y otra vez y nosotros, marionetas con cerebro de aserrín, ya entrados en copas, los repetimos meándonos de la risa año tras año.

Minuto antes de medianoche te pusiste tus calzones rojos o amarillos, regalados por un amigo, para que no falten ni el amor ni el dinero. Tragaste las doce uvas, pensaste tus deseos con cada campanada, te atiborraste de lentejas y tocaste madera.

Más viajes, menos kilos

Agarras una maleta vacía y te lanzas como loco-a a dar una vuelta a la manzana “para viajar mucho”, ese es el primer propósito fútil.

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Durante el año, si eres afortunado de trabajar para una empresa seria, tu “viajar mucho” se limita a una o dos semanas al año que tienes que negociar con Recursos Humanos.

El segundo: “hacer ejercicio y bajar de peso”. Bien, el arranque es de caballo pura sangre. En cuanto terminas con el último eslabón de las fiestas navideñas, la Rosca de Reyes, vas y te inscribes a un gimnasio. Empiezas bien, pero ¡ay, empezaste yendo dos horas diarias de lunes a viernes y en abril ya estás yendo solamente dos veces a la semana. En el verano ya te olvidaste de la comida sana y de llevarte fruta , ensalada y tu pechuga a la plancha al trabajo. Para el otoño ya estás “calentando motores” con los refrescos, los tamales, las papitas, la pancita y la birria de los domingos. Cuando menos te lo esperas ya es adviento, día de muertos-Jalogüín ¡y ya es #Navidad de nuevo!

Bolsillo lleno, armarios limpios

El tercer propósito más recurrente es ahorrar y estás muy decidido, pero ya en enero te quedaste con lo justo y te preguntas por qué.

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Revisas tu estado de cuenta y…claro, se te olvidaba que estás pagado lo del “Buen Fin”, además de los regalos con los que te luciste en Navidad a 18 meses sin intereses, más lo que vienes arrastrando de las tarjetas del año pasado. ¿Ahorrar?, ¡Ja!

“Desescombrar y tirar lo que ya no uso”es otro de los propósitos más recurrentes. Vivas solo o con tu familia, el primer conflicto viene con las hermosas envolturas de los regalos. Sea tu pareja o seas tú mismo-a, no tienes corazón para botarlas a la basura porque “me sirven para después”. Un buen día decides quedarte en casa el fin de semana y te arremangas para empezar a desechar: “¡ay, éste sueter me lo tejíó mi abuela, este pantalón si lo arreglo todavía sirve, estos libros me costaron muy caros, luego los leo, estos dibujitos son de mi niña, estos zapatos se los voy a regalar a fulano y esto lo voy a donar al asilo…” ¡ja, ja!

El amor anhelado

Llegamos al quinto propósito masivamente decretado: “conseguir novio-a”. Como ya no te va ligar en antros y eres muy moderno-a, inscribes tu perfil en Tínder y en cuanto portal de ligue te recomiendan.

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Se envían guiños, empiezan a escribirse y todo va muy bien hasta que deciden verse por Skype . La contraparte pone pretextos y finalmente desaparece. ¿Será que no era el-la de la foto? Si finalmente llegaron a conocerse en persona y hasta “la prueba del amor”, naturalmente no faltarán los “peros” para decidir no continuar, pasar a otra persona y vuelta a lo mismo.

Vuelves a sentir el cierzo invernal y a tu lado no está más que tu perro, el amor fiel y verdadero, pero te queda la satisfacción de que lo intentaste y ¿quién sabe?, en una de esas… #Invierno