Lee Miller (Nueva, York, 1907) era tan bonita, que no extraña que su primer contacto profesional con la Fotografía haya sido como modelo. Como de película, según cuenta el curador Stefan Van Raay en el texto de sala, fue salvada de ser atropellada, nada más ni nada menos que por Condé Nast, propietario de las revistas Vogue y Vanity Fair.

Él la convenció de iniciar su incipiente carrera de modelo y no tardó mucho en convertirse en una de las más exitosas, especialmente como una de las favoritas del famoso fotógrafo de modas Edward Steichen.

Su padre, Theodore Miller, ingeniero e inventor, tenía un cuarto oscuro donde revelaba sus propias fotos y a Lee le fascinaba “ayudarle”.

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Fue una niña rebelde y competitiva con los chicos, por lo que no duraba en las escuelas de donde la expulsaron varias veces. Las madres de las demás niñas no permitían que sus hijas se juntaran con ella por considerarla una mala influencia.

Amor y trabajo

Con tal de “civilizarla y refinarla” un poco, su padre la mandó una temporada a París, pero con tan malos resultados, que él mismo tuvo que ir a recogerla a los 9 meses. En cambio, el efecto parisino sí surtió su efecto al posar para las cámaras. Steichen la presentó al famoso fotógrafo surrealista Man Ray, con quien en 1929 formó una pareja de amor y trabajo, absorbiendo toda la influencia del surrealismo.

¿Su sello distintivo? la solarización, también llamado “efecto Sabatier”. Al poco tiempo abrió su propio estudio fotográfico y a partir de entonces voló sola forjando su propia fama en la fotografía de moda y publicitaria, el surrealismo y finalmente como corresponsal de guerra.

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Primicia en América Latina

Esta retrospectiva fotográfica, en el marco del año dual México-Reino Unido, es la primera en Latinoamérica gracias a que su único hijo, Anthony Penrose – hijo del artista surrealista Roland Penrose- rescató todo el acervo a la muerte de su madre. La muestra se divide en 7 módulos cronológico-biográficos: la dupla con Man Ray, la apertura de su estudio neoyorquino, su trabajo en Egipto donde vivió, al casarse con Aziz Elar Bey, hasta su divorcio en 1939.

En este periodo, probablemente el más libre al no tener restricciones comerciales, estilísticas ni temáticas, su cámara Rolleiflex captó imágenes que se volvieron iconos de la fotografía surrealista como Retrato de espacio o Desde la cima de la gran pirámide (1937). Vuelve a París cuando estalla la guerra, desoye consejos y decide convertirse en corresponsal para Vogue documentando su crueldad y la participación de las mujeres.

Belleza y horror

Durante el periodo de la liberación de Europa (1944-45) fue acompañada por David E.

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Scherman, fotógrafo de las revistas Time/Life, para cubrir la rendición alemana en el río Loira, la liberación de Luxemburgo, la lucha en Alsacia, el histórico encuentro de los ejércitos ruso y americano en Alemania, un recorrido por los pueblos y ciudades alemanes arrasados y el horror de los campos de concentración.

La desilusión, devastación y secuelas de la guerra cuando regresa a Londres, le impiden retomar la frivolidad de la fotografía de moda y se concentra en los retratos de amigos que la visitan en su casa de campo: Pablo Picasso, Leonora Carrington, Max Ernst, Joan Miró y Teodora Tanning entre otros.

Glamur, onirismo, humor, belleza, horror, guerra y paz son los conceptos que Lee Miller abarcó en su fascinante vida de la que da cuenta esta extraordinaria #Exposición absolutamente recomendable. #Arte #Museos