Pasa casi desapercibida para el numeroso público que sube a las salas del Palacio de Bellas Artes, pero en la planta baja está la galería que en ocasión de La Vanguardia rusa, se dedica a la Fotografía. Nacida a finales del siglo diecinueve, empezó en el veinte una época de revisión y experimentación sin igual. El verismo ya había saturado a los primeros fotógrafos que surgieron en la Rusia regida por el totalitarismo de Josef Stalin.

Palomas vs. trenes

El nacionalismo impuesto desde el Kremlin no detenía la libre comunicación entre los artistas rusos y del resto de Europa, especialmente  París, cuna de las vanguardias del pasado siglo.

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Tomemos en cuenta que cuando se presentó la Fotografía como un nuevo invento tecnológico en la Academia de Ciencias de la capital francesa (1839), el medio de transporte más veloz ¡eran las palomas mensajeras!

Al alimón con las corrientes de la Pintura como el Dadá, el surrealismo y el abstraccionismo, los artistas rusos también experimentaron con la Fotografía como un medio inventivo y revulsivo contra el mero reflejo de la realidad cotidiana (retrato, paisaje, urbanismo).

Hoz, máquina y progreso

La difusión de la Fotografía y la popularización de las cámaras fotográficas ponían en entredicho la función del arte, especialmente de la Pintura. Si una foto era mucho más perfecta en la representación de los temas pictóricos (el naturalismo), ¿qué caso tenía entonces? Había que superarlo y ver más allá de lo evidente.

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Siempre al unísono con los movimientos de vanguardia, la Fotografía nadó con las nuevas corrientes: Dadá (gráfica y collage antinaturalista), Cubismo (distorsión cúbica), Abstraccionismo (geometría del espacio y color), Futurismo (obsesión por las estructuras mecánicas), Suprematismo (línea esencial y color), Surrealismo (figurativismo onírico).

Así es que, sin olvidar los “temas eternos” como el retrato, el desnudo y el paisaje -con la introducción novedosa del género documental – la fotografía vivió un vigoroso desarrollo que, como acertadamente describe Óscar Colorado en su portal de fotografía: “En 1915 Rusia era un polvorín en espera de que Lenin prendiera la mecha con su fósforo bolchevique en una mano y El Capital de Marx bajo el brazo. Era un complejo clima de tecnología, hambre, intelectualidad y arte.”

Técnica, capital, producción, construcción

La ideología era esencial, el ego creativo abolido y mal visto, el arte ocioso era cosa burguesa puesto que debía tener una utilidad para el pueblo.

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En ese tenor, el texto de Colorado continúa: “Los artistas forman parte de un todo, de una nueva sociedad junto con los científicos y técnicos para sumarse a las luchas agrarias y obreras. Los artistas se convierten en creadores, en auténticos productores (productivismo) y de ahí en constructores (constructivismo) de realidades visuales.”

Todo ese ideario lo podemos ver reflejado en las fotos de Alexander Ródchenko (1851-1956) quizá el más prolífico y versátil presentando retratos , collages dadaístas, estructuras abstractas y foto-documental; participa Max Alpert (1899-1980), está también presente A. Savoliev y los ejercicios del cuerpo humano en movimiento de Alexander Grinberg (1885-1979) con gran influencia del art-decó; Mijaíl Préjner (1911-1941) reflejando de manera prolífica la vida y sociedad rusa de su tiempo; destaca también Arkadi Sheijet quien, influenciado por el estructuralismo y el futurismo presenta estupendas imágenes de las tablas gimnásticas y desfiles deportivos del régimen.

 

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