Han pasado ya 35 años desde su retrospectiva en el Museo de #Arte Moderno (MAM) de la capital azteca. Recalcitrantemente oaxaqueño, Francisco Toledo (Juchitán, Oax., 1940) es uno de los artistas plásticos mexicanos más reconocidos internacionalmente y a pesar de que su época de esplendor ya pasó, no quiere ser olvidado por las nuevas generaciones de artistas y amantes del arte.

Como botón de muestra presenta Duelo, su producción de 65 piezas de cerámica de alta temperatura elaborada (sin bocetos) íntegramente en el Taller Canela en el Centro de las Artes de San Agustín (CaSa) en la ciudad de Oaxaca. El tema representa al dolor y la violencia que vive México por los levantados, muertos y desaparecidos.

“No sabemos qué va a pasar en México.

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No sabemos si la violencia va a parar, o la habrá en toda la República... o ya la hay. No sé, ojalá que no, pero no sabemos. Hay gran inconformidad en todo el país, hay injusticia y mucha pobreza que también empuja a las personas”, comentó al respecto al diario La Jornada en la rueda de prensa inaugural.

Toledo, autoridad impositiva

Toledo estuvo en la cresta de la ola del arte internacional en los años 60 cuando su paisano Rufino Tamayo le ayudó a conseguir una beca en París y le vendió su obra para sostenerse más tiempo en Europa. En ese tiempo Henry Miller escribió el texto del catálogo que acompañó sus exposiciones en Londres y Nueva York.

Ha ganado muchos premios, homenajes y distinciones - que, dicen, rechaza o manda representantes para no asistir - por su labor en defensa del patrimonio cultural, el medio ambiente y la sociedad de Oaxaca, en la que es autoridad y patriarca no sólo del arte sino como líder de resistencia civil ante la autoridad oficial.

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Amasando monstruos

En Duelo presenta cerámica cocida hasta 1900 grados centígrados con las técnicas de engobe y vidriado coloreada con óxidos como el de hierro que da rojo, el de cromo verde y el de manganeso marrón. Ciertamente, “bellas” no es el adjetivo adecuado para describir sus piezas en formas de platones, tótems, cubos-cesta con intrigante contenido, bidones fálicos y jarrones ulcerosos.

Fiel a sí mismo, Toledo reproduce todos los motivos zoomórficos con su carga conceptual que ya son su impronta: cuerdas-gusano-serpiente, orejas, patas de pollo semejantes a árboles secos, ranas, grillos, vulvas y penes dispuestos en bases a manera de coso taurino, arena-coliseo o camposanto como escenarios de lucha, vida y muerte.

En palabras de la curadora Sylvia Navarrete: “…en un proceso de metamorfosis frenética, el bestiario de perros, gusanos, murciélagos, cangrejos y pulpos se acopla en el reino vegetal y el género humano en una ronda macabra”.

Admirado y repudiado

Toledo es genio y figura, un excéntrico de cabello hirsuto con huaraches y camisa blanca arremangada, el loco de la colina que nos rebota la conciencia de que en este mundo desquiciado quizás él sea el único cuerdo.

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Por su activismo protagónico y la envidia que provoca su reconocimiento internacional, Toledo es admirado o repudiado a partes iguales. A él se le ama o detesta, no hay medias tintas, así es y será hasta después de su muerte. ¿De qué bando es usted? Pasen y vean…

 

  #Exposición #Museos