La técnica del stop-motion ha sido utilizada desde sus inicios como la primitiva, pero eficaz, ilusión de generar movimiento, sin embargo, durante su evolución pasó de ser un mero soporte narrativo, a generar efectos visuales que pudieran resultar imposibles de no ser por la intervención divina de la magia de la #Animación.

Afortunadamente, este año fuimos testigos del estreno de Anomalisa, un ejemplo de que la anarquía narrativa del teatro es posible llevarla al #Cine con grandes resultados, evidenciando la capacidad que éste tiene de sorprendernos, aún en estos tiempos de sobre información visual.

Aunque es una película intimista protagonizada por muñecos, produce una ternura sobrecogedora y un giro de la perspectiva humana.

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A pesar de que esta técnica estaba, si no condicionada, asociada a una estética muy particular y a lo escabroso o puramente fantasioso, en esta ocasión vemos un realismo asombroso, tanto interpretativo como de fabricación de las marionetas y atrezzo. Afortunadamente, la genialidad de mano con las nuevas tecnologías y la producción de materiales escultóricos extraordinarios, la plasticidad y estética de las marionetas y props utilizados para la animación en stop motion puede ser tan flexible y variable como sean las necesidades del relato, los diseñadores de personajes y otros recursos narrativos que precise el director que, en conjunto con el diestro manejo de los animadores que dan vida a los protagonistas, produce un resultado que, quizás por su contraste, resulta fascinante.

De carácter introspectivo, nos acerca al imaginario íntimo del mismo Charlie Kaufman, escritor de la obra de teatro en la que está basada la película y uno de sus directores junto a Duke Johnson.

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El reto de trasladar la historia del escenario a la gran pantalla utilizando objetos inanimados no convenció en un principio al director, quien no pretendía adaptar exageradamente la obra al cine. Quizás por este escepticismo es tan inesperado el resultado impecable y cercano que tiene Anomalisa. La identidad, la lucha con el autoengaño y la razón las vemos reflejadas en tan acertado enfoque. Más allá de la técnica, vemos la historia, una laboriosa aventura para el stop-motion, logro que ha conseguido demostrar de nuevo que la animación no es solo cosa de niños, lo que provoca una gran alegría para los nostálgicos fascinados con el hecho de que ésta técnica de animación haya vuelto a las pantallas mágicas del cine.