Estamos frente a una película de Arte, con mayúsculas, que no deja a nadie indiferente ante su belleza estética y rotundo mensaje filosófico, antiguo e inmortal: el respeto que la Madre Naturaleza nos debe merecer a todos los habitantes de esta Tierra.

Un hallazgo

Esta película colombiana, co-producción argentina y venezolana, es un hallazgo no por ser la primera de su país en ser considerada por la Academia de Hollywood, sino por lo inusual y precioso. Está inspirada esencialmente en los diarios escritos por el etnobotánico alemán Theodor Koch-Grünberg y el americano Richard Evans Schultes.

Hasta el momento ha recibido los siguientes premios: Cine de Arte (Cannes, 2015), del Jurado (Odesa, Rusia, 2015), mejor película en los festivales de Lima, Munich, Mar del Plata, la India, Sundance, Costa Rica, Rotterdam; en los premios Fénix al cine iberoamericano ganó en dirección, fotografía, banda sonora, diseño de producción y sonido.

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En cuanto al Óscar a la película extranjera , seguramente ganará según las reflexiones de Iván Hernández en www.las2orillas.com: “por revivir la constante búsqueda de un conocimiento ancestral (...) por poner de nuevo en el foco a las comunidades indígenas, su aporte espiritual y de conocimiento a todo el mundo (...) por ser una película iluminadora (...) con virtudes estéticas y decisiones narrativas que puedan resultar suculentas para la Academia”.

Dos mundos

La trama narra dos historias que le sucedieron a Karmakate siendo joven en 1909 y ya viejo en 1940. Él es un chamán amazónico y último superviviente de su tribu que ha perdido toda ilusión por vivir, es un chullachaqui, una cáscara vacía de hombre, privado de emociones y recuerdos.

A esos lares llega en canoa un etnobotánico alemán al que se le va la vida por encontrar la yakruna, una planta de poder única en el mundo.

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Karmakate decide acompañarlo en un viaje iniciático para ambos por el enfrentamiento de dos cosmovisiones encontradas que les acarreará profundos conflictos internos.

David Gallego logra con su cámara en blanco y negro momentos de impactante belleza; capta la respiración de los árboles, el canto del agua, el espejo ondulante de los ríos que, como serpientes verdes se enroscan entre la maleza salvaje de la Amazonia colombiana.

El chamán busca preservar el espíritu de la selva, su pureza a la que han mancillado el envenenamiento cultural de la religión y la ambición desmedida de los caucheros, haciendo que los indígenas supervivientes se hayan convertido en lo peor de ambos mundos: el indigena y el del sincretismo cultural y religioso.

La jungla omnipresente

La canoa se mece penosamente, entre el recuerdo y el presente, con riesgo a hundirse por el peso del equipaje. Hay que tirar lastre (valor simbólico que recuerda a La Misión de Roland Joffé, 1986) y salvar lo verdaderamente precioso: un fonógrafo que endulza las noches estrelladas con música de Haydn (pienso en Fitzcarraldo, Werner Herzog, 1982).

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La enfermedad la cura con plantas, antesala del viaje astral (pienso en Las enseñanzas de Don Juan de Carlos Castañeda, 1968) previo a la iluminación del conocimiento.

El lastre se tira, el hallazgo (la yakruna) se encuentra y quema para evitar su mancillamiento. ¿Qué queda? ¿la muerte liberadora? ¿La impasibilidad imponente de la Montaña Sagrada, a la cual subir, bajar, permanecer? Las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia revolotean alrededor del cuerpo iluminado que no puede evitar su fatal destino. #Crónica Ciudad de México #Premios Oscar #Estrenos de cine