Doña Lupe, una vecina de muchos años (de edad y de conocerla) y con amplias habilidades de observación, era, además de gendarme visual de la cuadra, vendedora de gorditas de harina de diversos guisos, muy buenas, por cierto. Sin embargo, doña Lupe adolecía de no dedicarle suficiente tiempo al negocio, por lo que no era extraño encontrarlo cerrado.

Don Juan, otro vecino cercano, al darse cuenta de la situación decide abrir también su negocio de gorditas, al que, además de dedicarle tiempo completo, lo complementó con más y mejores comidas. Por supuesto que doña Lupe se puso las pilas y comenzó a mejorar su producto generando entre sí una competencia en la que los ávidos consumidores de las harinas fuimos los más beneficiados.

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Más competencia, mayor calidad y mejores productos fueron las promesas de la llegada de televisión abierta digital en México. De esas tres, sólo la segunda, la de la calidad de imagen, es tangible; de las otras dos poco o nada se ha visto en nuestras pantallas.

¿Qué nos ha dejado el apagón analógico a los mexicanos? Más allá de transmisiones con extraordinaria nitidez, el pobre contenido de las televisoras nacionales y regionales sigue siendo el mismo de hace 20 años, sobre todo porque ­–literalmente‑ seguimos viendo programas grabados hace 20 años.

En dos décadas no ha habido una verdadera revolución de contenidos en la #Televisión mexicana; es más, hay programas como uno llamado “12 Corazones” que trasmite #Televisa por ahí del mediodía, que nos hacen pensar que vamos en retroceso, que algo hicimos mal en algún momento y que derivó en un montón de modelos hombres y mujeres, medio encuerados, con abiertas intenciones sexuales, brincando frente a las cámaras.

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Y no son golpes de pecho, en serio.

Acá en el norte de México, las televisoras locales y regionales no están muy lejos de fomentar la degradación humana con los programas de personajes como Ernesto Chavana o Mario Bezares, transmitidos desde Monterrey, en los que no hay cosa rescatable.

Un solo canal, acá por estos lares, ha venido a rescatar el mentado apagón analógico, y ese es el Canal Once del Instituto Politécnico Nacional que, aunque ya se podía sintonizar hace años, su señal era tan pobre que prácticamente pasaba inadvertido, pero en esa nueva etapa, no sólo se ve excelente, sino que además recibimos sus dos señales la de Once TV y la de Once Niños, ambos con excelentes programas propios e importados.

Aún seguimos esperando las dos nuevas ofertas de televisión abierta nacional, prometidas y licitadas con la reforma de telecomunicaciones, Cadena Tres y Radiocentro. Esta última decidió por razones económicas no participar en el proceso y la licitación se declaró desierta y pendiente de volver a realizarse.

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CadenaTres (o Excélsior TV, como también podría llamarse) tiene sobre sus hombros la tarea y el reto de convertirse en una señal televisiva que rompa los pobres esquemas que manejan Televisa Y TV Azteca, y apostar por contenidos creativos e innovadores que inviten a México a moverse intelectualmente –como lo hace Canal Once‑ y no a quedarse sentados en su sillón, con sus gorditas a un lado, esperando la siguiente telenovela. #Familia