La obra publicada más reciente del escritor Haruki Murakami se titula Hombres sin mujeres y es un libro de cuentos. En Japón se publicó en el 2014, mientras que en Hispanoamérica, la editorial Tusquets lo publicó en marzo del 2015. Algo inusual tratándose de Murakami vertido al español, pues los lectores del autor japonés están acostumbrados a que lo más reciente, no es lo más reciente; por ejemplo, Escucha la canción del viento y Pinball 1973 se publicaron hace unos meses en español, y son en realidad las dos primeras novelas de Haruki Murakami. Aclarado el punto: Hombres sin mujeres es el libro más reciente —en todo el mundo— de Haruki Murakami y es un libro de cuentos.

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Insisto en esto último, porque Haruki Murakami es, en esencia, novelista; un novelista de largo aliento, basta pensar en las dimensiones de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (su mejor obra) o de Kafka en la orilla. Sin embargo, no es la cantidad de páginas lo que determina el carácter de la literatura de Murakami, sino sus procedimientos narrativos. Enunciaré uno básico: la acumulación. La amplitud en las novelas de Murakami se consigue gracias a todos lo elementos parciales que se van sumando al hilo narrativo principal, el cual normalmente es una búsqueda.

Los personajes de Murakami pierden algo o son abandonados por alguien, y la novela narra esa búsqueda, sin escatimar en detallas: digresiones, analepsis (flashback), monólogos, sueños, listas de supermercado, recetas de cocina, elaboración de cócteles...

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Además, la lista de personajes de cada novela es amplia, y cada personaje aporta, asimismo, sus digresiones, sus sueños, sus recuerdos, sus objetivos, sus recetas... y, siempre, un poco de información decisiva que hace avanzar el relato principal, pero sólo un poco. Murakami es un maestro de la morosidad. 

Por eso enfatizo que el libro más reciente de Haruki Murakami es un libro de cuentos, porque Murakami, debo decirlo, no es buen cuentista; es un excelente narrador y eso se nota hasta en sus peores momentos. Pero los cuentos le quedan cortos. Los cuentos de Murakami están escritos con la misma técnica con la que elabora sus logradas novelas y por eso difícilmente funcionan. Entretienen, atrapan al lector, pero al final quedan cabos sueltos, hilos narrativos truncos. En una palabra, los cuentos de Murakami son narraciones desmadejadas.

Otra característica del escritor japonés, quizá su mayor virtud, es la imaginación desbordante, la capacidad de construir situaciones que, para mayor comodidad (diría Cortázar), llamaremos fantásticas, absurdas o surrealistas, si usted lo prefiere.

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Historias en las que la cotidianidad se va tiñendo de extrañeza, hasta que la realidad acaba desdibujándose o trastocándose por completo. En los relatos de Hombres sin mujeres este componente “extraño” tampoco aparece de forma plena, sino a cuenta gotas: Murakami necesita tiempo para desarrollar estos elementos fantásticos, y la brevedad no se lo permite. 

En suma, los cuentos de Haruki Murakami son narraciones en camisa de fuerza. Sin embargo, de los siete relatos que conforman el libro, vale la pena (y mucho) leer dos: “Sherezade” y “Samsa enamorado”. Ambos establecen un juego intertextual con Las mil y una noches y La metamorfosis, respectivamente, y son los cuentos más logrados del libro. Quizá esto se debe a que la intertextualidad le permitió a Murakami “contar” una parte de la historia sin relatarla él mismo, sino el anónimo autor árabe o Franz Kafka, y así consiguió mayor amplitud en los relatos. #Libros