México, siempre fiel a esconder la basura debajo de la alfombra, cumplió su cometido: El Gobierno le mostró al Papa Francisco el país de los sueños, donde no hay pobreza ni desigualdad, mucho menos violencia y criminalidad.

México, siempre fiel a omitir frente a la visita lo más podrido de la sociedad, escondió las protestas y acalló los reclamos, como los de las mujeres que con el pecho desnudo mostraban su inconformidad con el evento. Poco más y son linchadas.

México, siempre fiel a convertir todo en espectáculo, hizo de la visita del papa, una telenovela. Pasajes dignos de eternizarse en programas como “La Rosa de Guadalupe”.

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México, siempre fiel al pan y al circo, consumió horas y horas de transmisiones de televisión, observando cada paso, cada respiración y cada movimiento de Francisco.

México, siempre fiel a la simulación, vistió sus mejores galas para la visita del año. Como nunca, en televisión, todo fue presunción de nuestras más escondidas y olvidadas culturas indígenas… luego, otra vez al baúl.

México, siempre fiel a su gobierno, enalteció la figura del Presidente. La asistencia del Enrique Peña a misa en la Basílica de Guadalupe parecía para las televisoras más importante que el mismo mensaje de su Santidad.

México, siempre fiel a entregarse por completo, se volcó a las calles a derramar fe. Miles de personas abarrotaron las calles y plazas pasaría el líder de la Iglesia Católica, soportando frío y hambre, e incluso gastando miles de pesos en traslados, comidas, estancias y todo por unos segundos de esperanza.

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México, siempre fiel a su religiosidad, se deshizo en rezos y plegarias, y derramó lágrimas al paso del papamóvil. Muchos no volverán a misa el próximo domingo.

Así fue la visita del #Papa Francisco a México, plagada de simulaciones, pero repleta de buenos deseos y parabienes mutuos entre el visitante y el anfitrión.

Es como la visita de cualquier gobernador o presidente a una colonia o a un ejido. Pintan fachadas, arreglan calles, remodelan plazas y esconden la podredumbre donde “donde no vea la suegra”. ¿Así cómo se arreglan los problemas? ¿Así como se corrigen los errores?

Es ocioso, pero es cierto, sería bueno que el Papa, el presidente, el gobernador cambiaran de improviso su itinerario. Que caminaran dos cuadras más allá de donde lo tenían planeado para que vean la realidad. Pero no hay voluntad.

México volverá a sus actividades normales, a sufrir los problemas del día a día, del desempleo, de la carestía y de la violencia… pero siempre fiel al espectáculo, tratará de mitigar ese dolor con la programación del Canal de las Estrellas. #Enrique Peña Nieto