¿Qué son cuatro meses después de cinco años? Cuatro meses no son nada. Ya lo advirtió Gardel en su tango "Volver": si “20 años no es nada”.

Quizá lo dejaste porque no podíais seguir. Sin embargo, juntos erais imparables porque vuestra complicidad superaba la realidad, casi como en las pelis que os gustaba ver los domingos de sofá y manta.  

Al principio todo va bien, no echas nada de menos, te sientes liberado… Pero cuando pasan las semanas sin saber nada de la otra persona, te das cuenta de que en realidad era un error. En el fondo te haces un lío porque lo dejaste con convencimiento de que era lo correcto para ti, para los dos.

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Pero te lamentas porque piensas que no volverás a querer a nadie igual. “Vete a buscarlo”, “sabes que eso es egoísta” o “haz lo que te dicte el corazón” son algunos consejos que te dan los que te conocen, o te creen conocer. La realidad es que el corazón no te dice nada y tú estás muy sordo para poder oírlo.

EL MIEDO 

Te lo planteas, analizas y meditas. Después de darle mil vueltas decides que los hechos valen más que mil palabras, que le harás caso a aquel que te recomendó ir a buscarlo. Entonces, cuando tu decisión está en firme, entras en pánico. No sabes qué puede pasar, nadie lo sabe. Igual no quiere ni verte, no quiere escucharte, lo último que espera es que reaparezcas, porque te agradece que lo dejaras, porque ahora está mejor. Aunque también puede que te equivoques mucho y esté esperando que vayas a buscarlo. 

El miedo no nos deja actuar.

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Es normal que lo sintamos, más aún cuando no sabemos a qué podemos enfrentarnos. El miedo a lo desconocido siempre está presente, el miedo a salir de la zona de confort acecha en cada esquina, esperando a que pasemos para pegarnos un buen susto. Claro que la incertidumbre que deja la duda cuando se apodera de ti no es tampoco la mejor compañera de viaje. Muchas veces podemos pensar que la solución para desenconar esa idea que nos ronda la cabeza es actuar. Pero, ¡ay!, entonces aparece el miedo y vuelta a empezar. La pescadilla que se muerde la cola.

TOMA DECISIONES

Al final lo que importa es estar tranquilo con uno mismo, hay que tener muy claro por qué se tomó determinada decisión en un momento dado. Puede ser que duela, pero el dolor no es malo. El dolor nos hace humanos. El dolor diferencia a quien ama de quien no. Quizá el dolor dura demasiado y creemos que volver es lo mejor para sanarlo. Está claro que la última decisión es tuya. En ti está ir a buscarlo para despejar la incógnita o sufrir un poco más sin saber si las cosas podrían volver a funcionar. 

Sea como sea, ama. Quien ama de verdad, quien se entrega y toma decisiones, no vuelve a preguntarse una y otra vez qué habría pasado. Quien despeja la incógnita resuelve la ecuación. #Tendencias #Filosofía