Los amantes conllevan fuego. Los amantes se queman de amor, de celos, de empatía. Surcan entre sus cuerpos y se separan en sus muslos sólo para encontrarse en un corazón trémulo de vida.

Les sobra tiempo, siempre hay tiempo para amar. Les falta aire, les restan suspiros. En sus ojos y entre sus miradas se escaldan la tierra y cielo cobardes que pisamos y vemos. Para los románticos y sus receptores, el amor conlleva dolor.La tristeza es la ausencia y la distancia, los obstáculos y las gentes que miran y envidian y destruyen sus caricias cotidianas, su amor idealizado. Pero ¿qué es imperceptible a los ojos? ¿Cómo llegamos a ese amor bravío, vivo, perfecto?

Entre los gajes del oficio, el amor raspa gargantas.

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Las palabras que se dicen son tímidas, recién nacidas. Cuando alguien intenta enamorarse sobre entiende la necesidad de sufrir, de esperar, de desamar.

El amor siempre es puro, sencillo, fácil de llevar. ¿Qué es lo que duele? Su otra cara, su finísima dualidad que inspira canciones,pinturas, poemas. Incluso inspira vidas de amargura. El desamor.

El desamor desespera e inhibe la consciencia. Nuestro cerebro parece ser un accesorio, pues nos rige un músculo cardíaco y fantasioso, ilusionado y susceptible a la terrible realidad de que, precisamente, vamos a sufrir. No te confundas, el amor jamás duele. Lo que duele son las despedidas,idealizar al amor conlleva a la tristeza, a la decepción. Duelen las mentiras, las promesas rotas y los muros construidos entre tú y tu amante. Duelen los finales y los puntos suspensivos, las ácidas caricias ajenas que buscas para reconfortar la carencia del amor.

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Entonces ¿por qué sufrir? Entre tanto y tan poco del amor y desamor nos encontramos en un paradigma digno de vivir y repetir continuamente. Es un círculo vicioso que nos inyectamos en pequeñas dosis de sonrisas y momentos. Son cucharaditas de lunas románticas y canciones cursis, de cartas y conversaciones hasta la madrugada. De promesas  y suspiros bien aventurados. Las cartas que no se envían, los amantes que no se aman, el amor que no es, pero está.

Estamos cubiertos de sombras y ciudades, de rutinas y horarios, de gente de ceño fruncido y mala gana. Por supuesto que el amor es la única aventura tangible que tenemos y esa, esa es la carta que no se da, ni se lee. #Libros