En estreno nacional se presenta “Amy”, la película documental que de manera puntual, respetuosa pero veraz documenta el ascenso y caída de la extraordinaria cantautora Amy Winehouse (Londres, Inglaterra, 14 de septiembre de 1984- íbídem,  23 de julio de 2011).

Con su lógico desenlace, Amy pasó a ser el cadáver más joven del célebre Club de los 27, conformado por músicos y cantantes que murieron precisamente a los 27 años, casi todos debido al abuso de drogas y alcohol.

En este club se destacan Brian Jones (28 de febrero de 1969), Jimmy Hendrix (18 de septiembre de 1970), Janis Joplin (4 de octubre de 1970), Jim Morrison (3 de julio de 1971) y  Kurt Cobain (5 de abril de 1994).

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Rápido ascenso

“Amy” coproducción británica-estadounidense del 2015, dirigida por Asif Kapadia, es un documental que no tiene nada de amarillista o tendencioso. Todo lo contrario, objetivamente documenta la vida y carrera de Amy Jade Winehouse, descubierta a los 16 años en los clubes de jazz londinenses.

El documental arranca con su infancia, en la que destaca el divorcio de sus padres Mitchell (taxista) y Janis (farmacéutica) cuando ella tenía 9 años y el gran vacío que le dejó la ausencia paterna.

Asombra el hecho de que no adorara a quien sí se ocupó de ella - su madre - sino que idolatrara hasta su edad adulta al gran ausente, su padre, quien “repentinamente” empieza a prestarle atención cuando despega su triunfal carrera musical.

Malas juntas

Amy murió enamorada de Blake Fielder, su vecino de infancia quien fue su novio y luego la cambia por otra chica; Amy cae en profunda depresión.

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Es en este tiempo cuando escribe poemas tristes y dramáticos que la convencen a musicalizar para dar paso a Back to black, el álbum que la catapulta a la fama internacional.

Su abuela fue una mujer fuerte que ella admiró y cuando fallece es otro duro golpe para ella. La presencia de sus amigas de infancia y los éxitos que consigue musicalmente no son suficientes para animarla y no es hasta que su “ex” vuelve con ella que logra recuperar cierta estabilidad. No analiza, no sabe escoger, no tiene autoestima, está loca, irracionalmente enamorada, el amor es un juego a la perdición (Love is a losing game)... 

El reencuentro es letal, Fielder es un drogadicto empedernido y la conduce al decadente mundo de las drogas duras: crack, cocaína y heroína. Su añejo problema de bulimia y alcoholismo no hacen más que empeorarla. Su ambicioso padre desoye los consejos médicos de internarla en rehabilitación y la empuja a "que sea profesional" y cumpla los contratos ya firmados. Amy es débil, incapaz de hacerse cargo de sí misma.

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Se casan en Miami y Amy ya se muestra co-dependiente de Blake y de  su cabello postizo del que no se despega ni fuera del show. El acoso constante de los paparazzi, las broncas etílico-drogadictas, y los intentos de rehabilitación en pareja la empujan a su decadencia personal y profesional, manifiesta en su triste y desastroso último concierto en Belgrado el 18 de junio de 2011.

Este es el final esperado para un talento extraordinario en una personalidad ordinaria, insegura, autodestructiva y falta de inteligencia. Porque inteligente no es quien logra premios y reconocimientos, sino quien logra ser feliz aún en medio de las circunstancias más adversas, quien encara los problemas y si bien no logra solucionarlos por completo, continua adelante en el camino y con las personas por él/ella escogidos. Como dijera el poeta Amado Nervo cada quien es el arquitecto de su propio destino.

 

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