No tan cerca de Chapultepec, siguiendo Revolución, uno alcanza la zona Sur de la capital mexicana. Culti-Sur se le llamaba en los 90 a los barrios de San Angel y Tlalpan, que se encuentran cerca de Xochimilco, la Ciudad Universitaria y Coyoacán.

Si uno va buscando el contenido cultural profundo de nuestra tierra, a un tiempo que el valor justo de las cosas y los rituales, resulta constructivo, regresar en el tiempo; cerrar los ojos y abrirlos en de una realidad adentro de una realidad mas complicada. Así se siente el pequeño laberinto colegial hecho para preservar la memoria del cristianismo surgido de Armenia en Siglos muy anteriores a la República.

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Uno se intriga silencioso porque no hay más visitantes. El gran Museo de San Ángel no es uno de esos escaparates a la moda, es acaso todo lo contrario; luce discreto entre el caos de la zona de las Flores y del jardín del #Arte cerca de la plaza de San Jacinto.

Apenas vamos dando rozoncitos con los misterios en el valor del enclave geográfico, mas cabe decir que en la época de la Reforma, Benito Juárez y las leyes desamortizantes redujeron los huertos hasta que quedó el predio contemporáneo con su original capilla, templo y diversos retablos del Siglo XVIII. 

Los descalzos,preservando la tradición del monte Carmelo, llegaron en 1615 y para 1626 ya vivían en este recinto donde seguirían sus votos contemplativos inspirados en la reforma Teresiana. 

Juntito hay una serie de restaurantes y ahí cruza la Avenida Alta vista que en sí, en su recorrido hacia el periférico, es una galería de tiendas o boutiques.

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Con decir que desde Insurgentes se puede ver el conjunto aunque desde adentro, quisiéramos imaginar un poco la Colonia para apreciar el modo como pasarían estos hombres el tiempo meditando y en actividades datadas desde épocas muy previas como la pintura y el arte decorativo sacro.

Valuemos un instante su colección. Esta debe ser una de las pinacotecas más antiguas de América, consideremos del Universo de cientos de cuadros, algunos auténticos pues están firmados por los pintores de aquella época antes de la Academia: Villalpando y Cabrera.

La mayoría son anónimos, algunos sobre salen con temas acerca de la vida de los santos o se expresa el evangelio. Los muebles que se han salvado al paso de la Revolución, cuando se arrebató a la orden para poner un fuerte, son prueba de una calidad de mano meticulosa en cada rincón decorativo, en los bajos relieves y hasta en el inframundo de las momias, si uno quiere ir abajo donde descansan los precursores espirituales.

Hay quien dice hay mas tesoros enterrados escondidos.

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Lo relativo es comprender que el propio vivir quieto del edificio la maravilla y sería interesante preguntar mas acerca de los trabajos en curso para restaurar cada muro actualmente ornamentado con telas de colores y diseños occidentales.

No hay huella aquí de los pobladores originales de México. Se expresa desde la sala introductoria, que los religiosos se separaban de la realidad en el portal donde esta la taquilla. Mas allá se encuentra en cada camino una exposición de arte. 

Se hizo un ala del colegio galería permanente de unos danzantes de cera hechos por Carmen Carrillo durante el Siglo XX con técnicas de cera cromada y diseños textiles. El retrato del México prehispánico se sienta así para albergar lo autóctono que va desapareciendo.

En otra galería se encuentran las pinturas de Cabrera como antesala de un cementerio donde se encuentran en unas vitrinas las momias de los Carmelitas. En una de las salas cerca del patio de los arcos, se accede a una exposición de fotografía en gran formato que narra el principio del Siglo XX, con ello se va cerrando el gran sueño de estos hombres, pero falta decir que fue uno de los primeros lugares que se respetaron e incorporaron al INAH casi intactos. 

En esta temporada se celebra el Altar de Dolores y queda comentar la Biblioteca, los altares babilónicos dorados y el acervo que se vende en la librería o espacio comercial que da a la calle.