Al ir escribiendo en tinta sin papel, aún siendo el objetivo de este medio el que no haya una línea editorial, siento que el tema a veces no se explica con la información de una sola nota, pues hacemos este trabajo para una generación contemporánea; es decir para los millennials, quiénes estarán mejor preparados para descifrar cada acertijo abierto con las bases del arte oficial.

Por ello no es pase sencillo el introducirse al Museo Tamayo con la idea de hacer la apreciación de sus selecciones. Para el ciclo 2016, el reto institucional es dar a conocer gente con un proyecto ambicioso, sea o no oportuno que se arriesguen con gente mas joven; sin embargo Mario García debuta a los 40 con un repertorio muy profundo acerca de lo que se exhibe y cómo el conjunto debe ser tan importante como la obra, el emplazamiento del concepto en el recinto y las amenidades que pueden ayudarnos en el proceso de digestión

El sábado pasado se inauguró al mismo tiempo la exposición de Boris Viskin en el MAM a medio kilómetro de distancia, lo cual invita a pensar en Chapultepec como uno de los puntos neurálgicos en la difusión del concepto donde lo público se vale de lo privado para difundir algo en lo que aparentemente estamos de acuerdo: la cultura.

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La finalidad de lo contemporáneo sería este choque donde lo formal deja de ser algo artesanal y se sumerge en un humor negro con tintes muy políticos aunque el artista no esté obligado a presentar, ni buena, ni mala pintura.

Como hemos visto en esta época de prosperidad ... por lo menos en el trabajo de estas instituciones, siempre se ha presupuestado buen recurso, mas ello podría imaginarse como una serpiente que se come a sí misma, pues por lo menos en el caso de la obra de Viskin estamos hablando de algo tangible. En cambio este Caso, Mario García nos presenta un problema donde quien expone ya no necesariamente es un gran artista de la brocha, sino en general nos conformamos con que este ligado a un excelente equipo curatorial y haya viajado por el mundo. 

Uno desciende en el edificio exquisito atribuido a Teodoro Glez de León y no puede sino temerse de un personaje a quien no se le conoce en gran medida en el medio artístico abierto.

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La pulsión principal en su muestra es el concepto de "Caminar Juntos", pues la hora cubre algunas hectáreas en varias instituciones que le respaldan. Uno se fija mucho en una video proyección que luce entretenida acerca de unos chicos corriendo por el Museo Nacional. 

No nos detendremos a explicar tanta complicación aquí como nos demanda este genial expositor, mas valga decir que se nota estar asociado con el entretenimiento, pues lo usa como herramienta de simulación y se puede ver que dentro de lo patético no está de más acercarnos a un cinismo que da licencia a cualquier ponente de violar todas las normas establecidas del sentido común.

García nos impone un silencio elitista, porque es muy obvio que su mensaje no sería evidente para las masas ocupadas solo de los bienes materiales y las inteligencias para distinguir en el costo/beneficio de una inversión. 

En este caso lo impresionante, aquello que justifica nuestro lugar actualizado, es que no habiendo mucha obra física por montar, ello no impide que se dividiera el espacio en varias salas de donde uno se puede sentar a ver otras producciones aspiracionales  que inspiran un internacionalismo condicionado por la cultura pop

Hay especialistas que explicaron a su manera haciendo más compleja la experiencia, pues insistimos que ni las fotos, ni el maiz, ni el papel, ni los objetos tirados en el suelo a las veces de instalación, ni los focos, ni los pasos de baile de Jako nos salvan de la soledad y un terror en el blanco del vacío que casi se come las piezas. Alguna de la obra tiene que ver con la investigación y alguna esta enfocada en la sabiduría que se desprende del paso en el tiempo y la amistad. 

Mas sorprendente fue un performance donde otro artista ensambló un organismo híbrido en la plaza principal.

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#Cultura Ciudad de México