En cada lugar de la Ciudad Universitaria discurre el gran agenda del #Arte. Los circuitos intrincados del campus metropolitano nos llevan ahora hasta el Instituto de Biología.

Lejos del bullicioso ruido, en una reserva de la naturaleza, las autoridades han notado un deterioro en los espacios donde se funde nuestra mano. Por este motivo, se han organizado para regresar el Foro Dalia a los artistas de la nueva/vieja época.

En conjunto, el foro que incluyó ayer a varios entusiastas de la expresión creativa y las ciencias sociales se cobijó en el espacio a unos metros del Jardín Botánico. La primera intervención que se ve desde afuera nos llamó mucho la atención y es a fuerza de radicales que se presentó un proyecto con ambiciones que rebasan las paredes de cristal en esta construcción.

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Esperamos largo rato hasta que se llenaron todas las butacas. Habló primero un hombre cano, quien tomó miles de fotos e hizo con un Ipad un documento videográfico. En muchas butacas hubo personas que escribieron acerca de la presentación de la esencia en esta muestra en particular, porque renueva el compromiso de la ciencia con la humanidad.

Las preguntas que nos hacemos no son fáciles, aunque resulte hermoso transfigurar el problema en unos cientos de mazorcas de barro, cerámica y/o porcelana. La estética en esta junta nos quiso revertir en el carácter menos oficial de la plástica contemporánea, porque el problema que se viene es una lucha entre lo que es y lo que debe ser.

Explicó cómo la inserción de productos transgénicos es un acto de exterminio en la inmensa variedad de mazorcas que da la tierra en américa, pero no se explica por qué hay cada vez más movimientos para que la mutación suceda, si detrás de la economía esta el fantasma de la obsolescencia.

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Presentaron ante nosotros a una mujer de Xochimilco, quién por cierto tiene más credibilidad en la siembra de la Milpa que el resto de los que asistimos. Nuestra generación y muchas generaciones antes que nosotros no aprendimos a sembrar, si no a consumir. Es probable que con el veganismo, estemos sujetos a reinventar la dieta de los "hombres civilizados" que vestimos las ropas de occidente y confiamos nuestra idea de la existencia en el Banco Internacional. Nos presentaron al burocratismo nacional como el villano en esta ofensa a las tradiciones mas antiguas, a la mujer, porque fueron ellas quienes en teoría procuraron la noción del asentamiento en base a la alimentación con frutas y granos.

El gran crimen es que estas decisiones anti científicas vienen precisamente de la investigación científica, y nunca se ha demostrado que los gobiernos obren de modo alevoso atentando contra su pueblo. 

Se ha vivido un calvario, según nos explicaron. El problema no se termina, pues detrás de todo queda inevitablemente la modernidad como algo que no hemos alcanzado; es decir, que si el proyecto de crecimiento económico no se sucede ni se apareja con las necesidades agrícolas de los pueblos, pensando que podemos importar nuestra canasta básico a un mejor precio, el deterioro y devastación de nuestros suelos, puede ser el siguiente escenario. 

Hubo agrado cuando en uno de los créditos vi el nombre de Gabriel Orozco.

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También participó Francisco Toledo con un arte absolutamente inverosímil. Hubo otra de otros autores muy fuera de lo común y fue muy halagador firmar una hoja donde se le pide al presidente Peña Nieto que tome una determinación para proteger su propia herencia prehistórica. #Escuela #Cultura Ciudad de México