Por Mitzi Vera

Twitter: @mitzmariann

Fernando Bonilla conoció al escenario desde que tenía semanas de nacido, creció y se desarrolló alrededor del arte de la comedia y la tragedia.

“De pequeño lo que más me  ilusionaba era ir a los escenarios para ver a mi padre, Héctor Bonilla”, expresa mientras inclina la mirada hacia arriba, los recuerdos llegan a su mente.

Actualmente Fernando Bonilla se dedica a la dirección teatral, al preguntarle sobre su carrera actoral, respondió:

“Pese a que me divertía mucho actuando, me incliné por la dirección; ¡mi primera puesta en escena fue a los 15 años! Se trató de La amenaza roja de Alejandro  Licona, lo contacté y evidentemente le sorprendió que un adolescente quisiera adaptar su obra, accedió y el proyecto salió adelante.

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Recuerdo que cobrábamos 100 pesos por la entrada”.

-Qué le inspira a Fernando Bonilla…

"A veces un trabajo que no me gusta en lo absoluto o uno que me agrada bastante, pero creo que mi mayor inspiración artística es la sociedad, la injusticia abrumadora en la que estamos inmersos; #México nos da una materia prima inagotable para los que realizamos cualquier disciplina. El tejido social se está cayendo en pedazos"

-¿Cuál es tu objetivo con cada montaje?

"De ninguna manera pretendo adoctrinar, aunque mis obras se catalogan como #Teatro político, me entusiasma más la idea de incomodar, enfrentar, quizás de enfadar al espectador para que se cuestione, para estimular su conciencia".

-¿Qué tan fácil o qué tan difícil es trabajar con tu familia?

"Es una categoría muy particular, en el teatro es muy común que la gente trabaje con las personas que conoce.

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En mi caso, me sirve entender a los actores, es decir, cuando mi hermano (Sergio Bonilla) o mi padre están incómodos con su papel, por ejemplo; sin embargo, la confianza no debe rebasar los límites profesionales".

-¿Si no te hubieras dedicado al teatro, qué profesión hubieras elegido?

"¡Gran pregunta!", analiza la respuesta y con su gesticulación indica que piensa en ella

-¿Te imaginas en otra, Fernando?

"Hay muchos temas que me interesan, estudié historia en la UNAM, no terminé la carrera pero lo que aprendí nutre mucho mis montajes. A pesar de que me agradan diferentes cosas, no me veo alejado de la antropología o la filosofía".

-¿Qué le hace falta al teatro mexicano para que siga desarrollándose?

 "Es claro: diversificar al público, hay una gran oferta de teatro en ésta ciudad, lo que es terrible, es que el espectador siempre acude a ver las mismas obras con los mismos creadores… ¿De qué manera cambiará esto? ¡Fomentando el teatro independiente!

"Los artistas deben salirse de su zona de confort; además faltan muchos espacios culturales.

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Debe existir un fomento al teatro amateur, hay actores de televisión que hacen teatro solo para sacarle dinero a la gente, hay que generar conciencia, el arte no es algo aburrido, mucho menos, algo que se impone".

Discrepancia, libertad y conciencia, es así como Bonilla describe a su gran pasión, porque como diría Antonin Artaud: “Se trata pues, de hacer teatro en el sentido cabal de la palabra, una función; algo tan localizado y tan preciso como  la circulación de la sangre por las arterias”.

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