Un piropo es una de las rutas más polémicas y ambivalentes para acercarnos a las personas que nos gustan y conseguir su atención, pero en el caso de las chicas, el tema se torna más delicado porque ha dejado de ser una muestra de “galantería”, para volverse incluso un rasgo clasificable como acoso, y que se ha llegado a estigmatizar como un gesto altamente machista.

Por supuesto que a algunas mujeres les gusta más que a otras, y también debemos entender que los piropos no siempre llevan dosis de creatividad y en muchas ocasiones trasgreden la línea mínima del respeto, siendo vergonzosas muestras de educación las que se esgrimen contra alguien que no tiene por qué soportar las nulidades cívicas de ciertos elementos masculinos (y a veces femeninos).

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Los piropos han llegado a apreciarse ahora como uno de los peores métodos de aproximación, porque dejan ver allanamiento de espacios, un toque de desesperación, y se necesita ser muy original para al menos contar con ese reconocimiento por parte de la persona a quien buscamos atraer. Por eso aquí se enumeran algunas razones para prescindir de ese recurso y que los hacen inútiles prácticamente:

  1. Son de respuesta insulsa

"¿Sueles venir a este sitio?" Esta línea es torpe por ser demasiado genérica, carece de originalidad y la respuesta –cualquiera que sea- no cambia en nada el curso de nuestras intenciones. Hace que seas uno más de la manada de lobos que se han acercado o se acercarán a ella y es tan carente de originalidad como decir “Hola” o “¿Cómo estás?”, aunque resultan inocuas para ellas en caso de que toleren estas aproximaciones.

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  1. Te hacen lucir en desesperación

Pocas cosas tan patéticas como mostrar avidez de atención. La falta de imaginación a veces intenta suplirse con alguna ocurrencia simpática, pero es altamente posible que por intentarlo se pise el pantanoso terreno de la vulgaridad. La desesperación por tener sexo suele nublar la vista y la coherencia de los “piropomaníacos”.

  1. Poco originales

Si entras a un lugar y ves a más de una persona usando la misma prenda o el mismo corte de cabello, siempre será algo que llamará la atención y se pensará: “De haber sabido, habría evitado tal situación”. Lo mismo pasa cuando se utilizan frases hechas que con toda seguridad, ya habrá escuchado la persona en cuestión, y ello logrará generar más distancia entre ambos, en lugar de crear el efecto deseado.

  1. Son espeluznantes

¿Qué sentirías si alguien se aproxima a ti y te dice algo respecto a ángeles que caen del cielo? Por supuesto que te sorprende o te asusta viniendo de un completo desconocido y muy pocas veces redituará en la consecución del número telefónico, email o el Facebook personal.

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Es más, ni siquiera su nombre. Si la primera sensación es de incomodidad, resulta poco probable que se suscite algo constructivo, y en el fondo se quedarán con la impresión de que la persona que “piropea” tiene un don para hacerlo y se la pasa coleccionando “medallitas”.

  1. No es divertido

En el fondo, esto resulta divertido solo para quien los dice, pero para quien recibe estas manifestaciones verbales, dadas las circunstancias actuales, puede ser mucho más que molesto o incómodo. Lo mejor es no forzar la situación y aprovechar si se presenta algún escollo de charla, pero jamás hacer el abordaje o en última instancia, alejar cualquier característica invasiva o que arrincone emocionalmente a esa persona. 

En resumen, las dinámicas sociales cambian de lugar en lugar y de época en época, por eso resulta conveniente pensárselo dos veces antes de intentar estos atisbos verbales que difícilmente darán los resultados que erróneamente esperamos, aunque como dice una amiga mía: “El nivel de acoso se diluye conforme más guapo e interesante es el acosador”. #Derechos #Crónica Ciudad de México #Sociedad Ciudad de México