La presentación de esta #Exposición fue a través de una sabrosa charla de café con sus más íntimas querencias: su amiga incondicional Elena Poniatowska y el también polaco Marek Keller, su compañero durante los últimos 35 años de su vida.

Remembranzas

El pintor tapatío Juan Francisco Rodríguez Montoya (usaba el segundo apellido de su padre por menos común) llegó a la CdMx en 1935, siendo un adolescente guapo e inquieto como un niño chico, lo que nunca se le quitó, de ahí que Elenita escribiera el ensayo sobre su vida y obra intitulado Juan Soriano, niño de mil años. La Poni, llena de alborozo y energía, también lo describe, “era como un caballo con alas de petate” - aunque después dice “alas de papel de China” - aludiendo, seguramente, a una fuerza extraordinaria con una fragilidad también extraordinaria.

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Marek recordó que, tanto en la vida como en su pintura, era muy veleta: “tenía una lucha constante con sus ideas y opiniones; te convencía pero al día siguiente ya había cambiado de parecer. Así era con sus pinturas, me llamaba a medianoche para mostrármela  ya terminada, pero al día siguiente cuando la volvía a ver, ya se había levantado muy temprano para cambiarla”.

Museo Juan Soriano

Ejerciendo de invitada y presentadora – el oficio periodístico nunca la ha abandonado – Elena le sonsacó a Marek la nueva sobre el futuro Museo Juan Soriano en Cuernavaca. “¿Por qué?” lo cuestiona: “Tenía que hacer algo con toda la obra de Juan. Tantos años de trabajo que no me voy a llevar a la tumba y, como él me decía, que a su muerte detrás de cada árbol le iban a salir un sobrino o una sobrina que querrán quedársela”.

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Durante la inauguración oficial, con importantes miembros de la nomenclatura cultural y artística como el maestro Manuel Felguérez, la directora del INBA, del Museo de la CdMx y el timonel de la Cultura en México Rafael Tovar y de Teresa, el gobernador de Morelos Graco Ramírez Garrido confirmó la creación del museo. Agregó que hubo otras tentativas en Tabasco y Chiapas y justo cuando (yo) me preguntaba por qué no en Jalisco, su estado natal, añadió que a Soriano no le simpatizaban sus paisanos jaliscienses por su doble moral y harto conservadurismo católico.

Surrealismo kitsch

La obra de Soriano entre pintura, gráfica, cerámica y escultura, es "fea" para los gustos tradicionales y  académicos; quizás por eso no se apegó estrictamente a ninguna de las corrientes en boga en su juventud, hizo algo mejor: fue él mismo con un toque muy personal que yo llamo surrealismo kitsch y – en mi opinión - esa propuesta fue lo mejor aunque, también coqueteó con la pintura abstracta y expresionista que, honestamente, no eran lo suyo.

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Todo indica que hizo muy buenos contactos que le dieron fruto, pues se relacionó con la crema y nata de su tiempo, especialmente con los Contemporáneos (casi todos gay como él). Viajó, vivió y expuso en Roma , París y obviamente en México, recibiendo premios, becas, menciones y reconocimientos de especialistas y colegas. Diseñó vestuario y escenarios teatrales, recibió clases y fue maestro de Pintura y Cerámica, entre otras actividades que en su biografía hablan de un bon vivant que, en vida disfrutó del fruto de su trabajo de artista de tiempo completo.

Próximamente, a través de la Fundación Juan Soriano-Marek Keller y el invaluable apoyo de  la Secretaría de Cultura del Estado de Morelos, el Museo Juan Soriano será un centro cultural dinámico que perpetuará su memoria. #Museos #Cultura Ciudad de México