Se renueva el ciclo de exposiciones en la gran Ciudad. A la orilla del primer cuadro del centro histórico, entre el templo de la Santa Veracruz y el de San Juan de Dios, tenemos el Museo Nacional de la Estampa. Aquí compartimos así mismo la plaza del Museo Franz Mayer y estamos justo a un lado del SAT cenrtro.

En la casa antigua se ha institucionalizado el trabajo especialista del grabado y las distintas variantes de la gráfica. Se trata de dos niveles donde corren dos recorridos principales en un juego con tendencia la la formalidad del cuadro pegado a la pared y la iluminación focal charoleante. 

Siendo un recinto poco concurrido, se considera como punto de referencia para destacar de entra los muchos artistas en circulación, aquellos cuya habilidad se ubica en producir estampas de excelente calidad. La talla de estos autores siempre resulta una grata sorpresa, pues en cada fino papel se queda la huella de un principio experimental donde poco influyen la de la moda o el diseño. 

En este paseo encontramos Nao Now que revela una relación México Beijing en la planta alta Palimpseto Caníbal de Enrique Chagoya.

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El pequeño circuito nos emociona primero con la frescura de una generación crítica, en una tendencia al design art. 

Pablo J Rico, el curador, nos explica a través de su comisariado acerca de la imposibilidad de no estar ligados y por ello loa el resultado del collage realizado por Valerie Campos, quien organizó una colaboración de artistas mexicanos en el Xu Yaun Center de la capital China. 

Cada becario interpreta una visión de oriente inspirada en su presencia física en el prestigioso taller que les ha facilitado la materialización de su punto de vista crítico acerca de nuestros mundos, ligados desde la Colonia, cuando se estilaba traer chinerías que se vendían en Acapulco, Xapala y otros centros donde se establecieron los pochtecas del Pacífico.

La Nao o Galeón de Manila nos deja en tres salones grandes, una colección de collage, de serigrafías y la aplicación de técnicas de agua tinta que revelan la cultura y el folklore, lo mismo que la política y el sentimiento de una época homologada en la semiótica.

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Brevemente accedemos mediante una escalera de piedra al segundo piso. En este espacio es usual dar cupo a curadurías retrospectivas. En este caso Chagoya presenta de la mano con el Institituto de la Gráfica de Oaxaca un repertorio inspirado en los procesos de la historia, en particular aquello que sucedió en Norte América.

Esta colección, del artista quién nació en 1953, fue curada por Blanca de la Torre para el Museo de la Estampa en colaboración con coleccionistas, lo mismo que el Instituto Oaxaqueños, pues aún cuando el autor se fue a vivir a San Francisco desde joven, el choque entre lo occidental y lo precolombino ha marcado su trazo determinando un concepto. El artista quiere refrendar el modo como percibimos un mensaje condificado que hace alusión a la desgarrador choque estético entre lo bello y bonito; y lo horripilante embellecido por el dibujo y la síntesis conceptual.

No se puede decir que las muestras escapen a la construcción trillada de una museografía. Hay montadas algunas vitrinas y cada sala esta pulcrísima luciendo un montaje de obra enmarcada o expuesta en una vitrina de modo horizontal. 

En estos espacios no hay cafetería o librería a saber, no había visiblemente algún catálogo o ficha de sala.

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Tampoco hay auditorios, ni Biblioteca, aunque se sobre entiende que en la Planta Baja debe haber oficinas donde se administra el museo con fondos del INBA

Uno puede hacer visita guiada si lo solicita oportunamente, pero el espacio promueve poca actividad de talleres o conferencias. En estas vacaciones de Semana Santa el contraste entre la bulliciosa y pletórica plaza con los colres de la comida, la pasión de la iglesia y el rumor de Bellas Artes, es muy notorio, pues adentro son pocos quienes tienen interés en conocer esta tipo de manifestación artística, un recurso con un mercado algo estable. #Cultura Ciudad de México