Contrastes para identificar lo que hemos aprendido. Descubramos en el barrio aledaño a la Alameda, en la calle Revillagigedo, un hermoso edificio histórico donde se ha dispuesto el Museo del Policía.

En contraste con cualquier otro recinto así designado, en esta joya de la arquitectura, por su fachada de cantera, su torre y el enorme predio que ocupa, no hay ni un sólo personal de seguridad. He señalado el atiborramiento de estos guardas en otros lados; aquí todo funciona la la inversa.

Como atractivo para el turismo, resulta algo desaprovechado el tema de la Policía, empero se cuenta con muchas salas llenas de reproducciones de fotos, placas y estandartes.

Anuncios
Anuncios

No se explota con grandilocuencia la chamba del Policía, ni el gran acervo que debe haber al respecto. Tampoco hay salas de documentación y se sobre entiende que tampoco es muy claro quien hace la museografía o como se administran los espacios.

Hay dos entradas. La primera nos conduce al primer y único nivel por medio de unas escaleras muy bien conservadas. A ambos lados hay corredores con puertas que se abren y se cierran para dar acceso a que el espectador conozca y aprecie un concepto acerca de los Policías, un tanto más humano.

Hay una azotea donde continúa la #Exposición de distintas ideas acerca de la historia y la actualidad de esta actividad. Con algunas fotos no muy bien conservadas, manequies en cada cuarto, algunos textos y emblemas se ilustran eslabones como los cuerpos femeninos, la Academia de esta rama de la Seguridad Pública y se tocan los escándalos como las reformas que dan valides a quienes se dedican a este trabajo.

Anuncios

La sala que más jala es donde se muestran imágenes donde el presidente se pasea con los líderes de estos grupos aunque igual conmueve la idealización del cine de la época de oro.

Estas salas avivan la experiencia, pero se advierte en Semana Santa, el espíritu de otra sala muy distinta donde se exhiben animales de ponzoña. 

Aparte, el edificio se presta al montaje permanente de dos exhibiciones no tan tradicionales. Estas colonias del centro guardan recuerdos del Siglo XIX y muy previos, que no se investigan o difunden como la criminología, las fuerzas ocultas o el canibalismo.

Nuestro país, originalmente, se sienta sobre las bases de una imposición de la magia blanca, digamos Cristo; por ello resulta agradable que algún mínimo recurso se utilice para motivar la investigación y el montaje de datos acerca de nuestro pasado que, como adultos, debemos comprender.

A estas exhibiciones se ingresa con un aparato tecnológico que nos habla al oído. Una señorita nos va indicando, paso por paso, toda la información en un circuito con una consolidada utilería que da forma a la oscuridad en los relatos.

Anuncios

Todo comienza con Jack el destripador. Los asesinos seriales han tenido cobertura mediática y se notan cómplices de la misma sociedad que vamos construyendo, pues mas de uno se convierte en estrella pop cuando el asesinato se transforma en una psicosis colectiva.

En los Estados Unidos de Norte América es en donde mas casos fantásticos hubo, de gente completamente loca según los estándares de nuestro propio comportamiento. No voy a decir todos los nombres, para reservarles algún susto, mas todos estos anti héroes, seguramente los conocen, porque son parte de la inspiración de cada película de terror que hemos venido testimoniando desde que existe el cine comercial.

Les estoy hablando de la Mata Viejitas, de las Poquianchis y del Caníbal de la Guerrero, pero no se descuiden porque también se narran las acciones del destripador de Rostov y de Charles Manson. 

Después de una hora de conocimiento acerca de estos engendros, entonces el Museo del Policía nos comunica con los Vampiros, los licántropos y el terror popular, pues consta, se ha sacado jugo a cada aspecto con la finalidad de intrigar nuestra curiosidad en lo incorrecto, lo irreal.

En ambos casos el montaje de cada punto, del uno al trece, está ambientado con información física y juegos de video, luz y sonido.  #Arte #Cultura Ciudad de México