La primera vez que escuché hablar de Fernando del Paso fue en una clase de publicidad en la Universidad. El profesor Roberto Malaver nos contaba la genialidad del escritor mexicano, ganador del premio Rómulo Gallegos en 1982 (el mismo que le dieron a Gabriel García Márquez y a Roberto Bolaño, por citar otros dos genios de la palabra) y nos invitaba a leer “Palinuro de México”, su novela más famosa, lo antes posible. Para convencernos, leía algunos fragmentos: “Hacíamos el amor compulsivamente. Lo hacíamos deliberadamente. Lo hacíamos espontáneamente. Pero sobre todo, hacíamos el amor diariamente. O en otras palabras, los lunes, los martes y los miércoles, hacíamos el amor invariablemente. Los jueves, los viernes y los sábados, hacíamos el amor igualmente. Por último los domingos hacíamos el amor religiosamente”.

Historia de vida

Nacido en Ciudad de #México, una de las más contaminadas y caóticas del mundo, Del Paso estudió por algún tiempo economía, luego química y medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam).

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Dejó la carrera antes de empezar en serio porque le tenía miedo a la sangre y odiaba los malos olores. Además, conoció a Socorro, la mujer de su vida, “y no se puede estar casado y estudiar medicina al mismo tiempo”, ha dicho.  Luego voló hasta Londres para trabajar como locutor de la BBC y a París en Radio France. Aunque siempre le produjo más placer pintar que escribir, nunca dejó de lado la palabra, hasta convertirse en un escritor de éxito. La trilogía “José Trigo”, “Palinuro de México” y “Noticias del Imperio” es un símbolo de la narrativa latinoamericana del siglo XX.

El vacío de Peña Nieto

A pesar de que Del Paso es uno de los nombres más conocidos y respetados de la literatura mexicana, latinoamericana y en español, no muchos lo han leído. Al parecer, tampoco el presidente, Enrique Peña Nieto, se ha paseado por las letras del autor de “Palinuro de México”; un viaje por la historia del País y la ideología política a través del lenguaje.

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Pareciera que Peña Nieto no ha leído ni siquiera el discurso. De haberlo hecho no hubiera tuiteado: “Muchas felicidades a Fernando del Paso por recibir el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes”. O hubiera hecho alguna referencia a las duras críticas del autor.

Las críticas del autor

Durante su intervención al momento de retirar el premio, Del Paso dijo que “las cosas no han cambiado en México, sino para empeorar. Continúan los atracos, las extorsiones, los secuestros, las desapariciones, los feminicios, la discriminación, los abusos de poder, la corrupción, la impunidad y el cinismo”. El escritor dijo muy claramente que hay que denunciar la aprobación por parte del estado mexicano de la Ley Atenco, que habilita a la policía a detener y disparar en manifestaciones y reuniones públics a quienes creen que atentan contra la seguridad y el orden público. Como resumió el jóven escritor Emiliano Monge, en su discurso “Fernando del Paso hirvió, destiló y condensó todos los barroquismos latinoamericanos, hasta volverlos por primera vez traslúcidos”. Nunca es tarde: Peña Nieto haría bien el leerlo, no sólo el discurso sino toda su obra.

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