Dentro del modo en cómo se distribuye el #Arte, las vertientes derivan en la oposición de los conceptos confluyendo en el valor del mismo. El mercado se justifica a partir de los recintos que aprovechan la gran oferta de aspirantes para seleccionar solo a algunos a quienes se les permite una probada de las dimensiones que hay en la expresión de la cultura a dos lenguas. 

Este es el caso de la obra montada en la galería de la Instituto de Francia en America Latina. Camille Lavaud, la francesa y Pamela Zeferino representandonos, transitaron la Ciudad de México y la de Burdeos, centrando su atención en un proceso cuyo registro queda expuesto.

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Para Zaferino el foco de su trabajo fue denunciar sutilmente la historia detrás del edificio donde se emplaza el Arte Contemporáneo de la ciudad nórdica frsancesa junto al Río Garona. Su exploración durante una residencia de varios meses, nos refleja con elementos poco comunes un legado del esclavismo y el intercambio con América y las Antillas ahora sacralizado.

La artista expresa mediante el vacío Francia, en la ausencia de sentido y la frustración de una era construida con este fantasma que todos vemos y nadie puede ver.

En México Lavaud se topó con Pedro Páramo y se ocupó de buscar el fantasma inspirado en la evocación de la literatura mágica de Juan Rulfo. Sin embargo se descubren más fantasmas en la instalación que se ha montado en la galería a modo de construcción efímera.

De modo inusual se materializa una estructura reticular a media plaza.

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Lavaud nos habla de sus sentimientos con acrílicos de colores que proyectan una luz de miedo. El aspecto de este montaje nos recuerda la fachada de las cocinas en muchos edificios con un aire de los sesentas.

galeríaValga decir que sin leer las indicaciones de la expo, uno se puede mirar perdido en el corazón de la sala haciendo malabares para llegar a un adentro donde no hay sino una insípida soledad investida en la penumbra.

Nos inquieta estar buscando fantasmas ante una relación cultural cuya lectura siempre nos remite a espiritus jalando los hilos de las becas que se ven, pero tampoco están aquí.

Coincide con una tendencia marcada en la Casa Francia donde se presenta un homenaje al precursor del ready made: Marcel Duchamp.

Para explicar la difícil obra de este personaje francés de principios del siglo pasado, es necesario comprender un avance feroz de la modernidad hasta la primera guerra mundial.

Duchamp ya era conocido cuando se inaugura el club Dada y su actividad siempre fue remitida a los experimentos que surgieron con esa actitud de ruptura que se ha imitado hasta para hacer publicidad hoy en día.

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Gracias a vender su trabajo (¿?) y hacer inversiones vendiendo el de otros artistas, aparte de mecenas, el gran ganador del reconocimiento de élite con obras como la del mingitorio, sobrevive para ver la segunda guerra mundial, aunque sus fórmulas disminuyen con el paso de la historia.

Ya se imaginaban en aquel entonces lo que sucedería con el arte después de Andy Warhol y el desplazamiento que ha habido hacia la tecnología de la comunicación para difundir algo que tampoco puede dejar de ser arte... es decir el contenido ready made de la industria y el diseño con el cual esta hecho todo.

Con una estructura en abanico o gran códice se impone el célebre autor. Muy a la francesa se luce una versión en español gigante de un comic que ilustrado con dibujos en blanco y negro, destapa en alguna medida el escándalo detrás del visionario Marcel.

Hoy no se ha superado esta tendencia a descubrir en lo ordinario, el enfoque que provoca una reflexión permanente acerca de lo que es y debe ser el arte, quiénes y porqué deben ser en cada período histórico los artistas y de qué debe sobrevivir lejos del contexto utilitario.