En su barrio de la Independencia de Monterrey se autodenominan colombias. Lo de “cholombianos” es más bien el título del libro, publicado por Trilce Editores, que sobre ellos escribió la diseñadora de modas y fotógrafa inglesa Amanda Watkins.

En síntesis son una subcultura urbana de los jóvenes regiomontanos seguidores de la música colombiana. Watkins dice: “Los cholombianos eran las personas más interesantes en una ciudad muy conservadora Me llamaba la atención cómo vestían, sólo con su propio estilo. Su subcultura me parecía fascinante, sobre todo que provocara tanta desaprobación sin perder su entusiasmo y energía”.

Fachas sui-generis

Su aspecto es realmente estrafalario; cabello rapado en la nuca, con flequillo y dos largas hebras de pelo engominado a ambos lado de la cara.

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Llevan una gorra beisbolera decorada por ellos mismos, zapatillas deportivas tipo Converse, bermudas y camisolas holgadísimas que semejan faldas de llamativos estampados y colores. Las chicas se tiñen el cabello de colores estrambóticos, las cejas afeitadas y maquilladas, la indumentaria pequeña y sexy.

La moda cholombiana forma parte de la #Exposición Rebels en el museo Borgain en Clermont Ferrand, (FR) donde se les ha distinguido como uno de los movimientos contraculturales más originales del mundo, pues mezclan elementos del hip-hop negro norteamericano con accesorios chicanos, tropicales colombianos, indígenas y religiosos como San Judas Tadeo, la Santa Muerte y la virgen de Guadalupe de la cultura mexicana.

Unidos por la cumbia

En el pecho se cuelgan escapularios donde bordan su apodo y barrio de origen para que los sonideros los vean y saluden por los altavoces.

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Bailan cumbia en corro, girando en círculo y muy pocas veces por parejas, o grupos de chicos y chicas entre sí.

La cumbia es la música que los identifica desde los ritmos originales traídos por los sonideros directamente de #Colombia a Tepito y Peñón de los Baños en la capital mexicana hasta su barrio, donde se ha originado la cumbia norteña con tarolas, contrabajo y bandoneón, güiro y saxofón.

En la exposición se pueden escuchar sus variantes más importantes: la cumbia chunchaca del Sureste mexicano; la guacharaca, la cumbia sabanera, la cumbiamba y la vallenata de Colombia; la cumbia tropical andina de Chile; la tecno-cumbia de los Estados Unidos que incorpora instrumentos eléctricos.

En Venezuela los merengues y cumbiones, al fusionarse con la música llanera, dieron origen al sonido chucu-chucu. En Argentina se dice que Lucho Bermúdez la introdujo en los años 40 mezclándola con el tango y el chamamé de donde sale la cumbia santafesina y la villera. En Perú en los 60 se fusiona con el rock y el rock psicodélico dando como resultado la chicha.

¿Final cholombiano?

El asesinato de los 17 miembros del grupo Kombo Kolombia en enero de 2013 por un supuesto ajuste de cuentas entre el cártel del Golfo y los Zetas, cambió para siempre la escena cholombiana en Monterrey.

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Fue la tercera peor masacre tras la del Casino Royal y la del penal de Apodaca. A partir de entonces fueron aún más estigmatizados por su estrafalaria presencia y las condiciones sociopolíticas de la región al grado de que el movimiento fue prácticamente exterminado hace algunos años, por lo que la exposición cumple también una función de arqueología social. #Museos