Somos un mundo imaginario con ocho mil millones de entes humanos de una misma especificidad genética. Nos podemos identificar como una sola especie aunque tengamos buena variedad de pieles y tipos de pelo. 

De los 25 millones que habitamos el valle de Anahuac, entendemos gracias al trabajo de la civilización, que en Tlahuac hay 400 mil. En esta región de la Ciudad de México hay gente joven y han sido beneficiados por el programa del transporte colectivo metro, con una línea cuyo trazo ha cambiado completamente la fisonomía de la antigua comunidad atribuida a Cuitlahuac tan antigua como Teotihuacan y sometida por los Chalcas antes del Imperio Azteca.

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No es sencilla tarea llegar hasta esta delegación al límite con lo agreste del Valle de México, siguiendo una frontera con Xochimilco, Milpa Alta y con el Estado de México, mas allá del periférico. Ahora con el metro se reducen las distancias lo cual nos da el modo de acercarnos al Faro de la Cultura.

Esta trayectoria nos pone más cerca de los volcanes y del abrigo que la naturaleza le da al contexto del urbanismo. La línea dorada pasa por debajo desde Mixcoac, pero se vuelve un paso elevado surcando el paisaje. El caballo de metal nos deja ver los techos de miles de casas y de pronto alguna gran iglesia o pequeña catedral.

Bajamos en Nopalera muy asombrados como el mini barrio donde pasa el metro, sobre la avenida Tlahuac no es completamente opuesto a una belleza moderna. De ahí caminamos por la calle de la Cenicienta, recontra asombrados por el alcance de nuestro mundo que puede darle a las largas calles el nombre de los personajes de Walt Disney.

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El urbanismo aprieta en una monotonía no tan mágica y el camino conduce por una zona comercial donde hay un templo. A partir de ahí el paso es plano y se distinguen para el vecindario unos moto taxis. A paso rápido nos acercamos al Bosque de Tlahuac.

Hay un enorme estacionamiento y la entrada conduce directamente al camino del Faro. Admirados caminamos a un espacio alusivo a una carpa. En esta plaza, al estilo de un circo, se imparte algún condicionamiento acrobático y escénico.

Este gran salón de usos múltiples se presta a actividades que conviven en el linde entre el deporte y la cultura. Un poco más adelante hay un edificio de dos pisos. En la primera planta se nota el emplazamiento de varios talleres gráficos. En el segundo nivel hay una Biblioteca y se nota un equipamiento que abre el margen al desarrollo de otros cursos de un largo repertorio.

En estas sedes se practica una agenda diaria aunque de momento no había una exposición formal. Danza aérea, contemporánea, Hula hula, Son Jarocho, Rap, #Arte Digital, Fotografía, Cerámica, Pintura, Gráfica, Encuadernación, Radio, Alebrijes, Joyería y hasta Vitral se comparten de modo trimestral aparte de actividades como mesas de discusión y ciclos de cine. 

La Fábrica de Artes y Oficios del Faro Tlahuac da paso a áreas igualmente interesantes de la zona que hace frontera entre las casas, la avenida y el principio de una área de conservación ecológica.

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Aquí se ha dispuesto una fabulosa alberca Olímpica una pista de hielo y en el muro se han elaborado pintas de distintos creadores.

Ahí comienza el viaje a otro concepto de los recursos capitalinos: el Bosquecito de Tlahuac. Hay una pista para los corredores haciendo remate con una laguna y la vista se pierde en el paisaje sin marcas humanas. Hay áreas deportivas y de juegos, también hay una zona de alimentos y un kiosko.

El paso de salida nos ofrece algunas esculturas urbanas y alebrijes del pasado. Afuera el trazo nos permite escoger entre la calle de la Flauta Mágica, la Bohemia y las Bodas de Figaro. ¿Se puede pedir más?

Este Faro es un proyecto del 2004; y coordina esfuerzos con otros Faros cuya luz brilla a corta distancia en Milpa Alpa, en una red que también incluye el de Oriente y el de Indios Verdes.