mi Al paso de los distintos museos y galerías hemos constatado puntos de vista surgidos de una necesidad fundamental sociológica por alternar con el juego del #Arte. ¿Es o no es algo útil? Hemos visto algunas de las propuestas más radicales en este medio sin obtener una respuesta, lo cual nos supone límites a los apuntes que podemos dar.

Hemos confirmado que el arte no puede llamarse así, si no se difunde aquello que queremos "vender". Hemos visto que en el Siglo XXI, el arte es una moneda cuyo valor deriva del conocimiento alrededor de su apreciación por la sociedad. 

Entre más famoso es el recinto donde veamos aquello atribuible al arte, mas valor asociado se le suma.

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Entre mas veces se vea y se difunda su contenido estético/emocional, mas se justifica un valor en pesos y centavos. El arte deviene útil como mercancía, indiferentes hasta aquí de la individualidad del artista. 

Hasta ahora hemos podido revisar una colección sin igual de emplazamientos, mismos que muchas veces son coadministrados, porque la Federación duplica las funciones, y ello, queremos suponer, es para mejor servir al cumplimiento de la ley. 

Suponemos un negocio en el Mercado del Arte, beneficioso a la Economía en especial si se trata de aquel hecho en México. Nos conviene realizar la compra venta, pues si bien el dinero es un invento, el arte cuyo precio puede ser igual a cero, no pierde materialidad en la mayor parte de los casos. El cliente se lleva a casa, o al banco... o al Museo su pieza.

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Muchos destacados coleccionistas multi millonarios de pronto tienen tantos lotes que se ven obligados a construir su propio recinto o financiar itinerancias de sus acervos.

Esto lo queremos decir para enfocarnos ahora en la colección de "Rastros y Vestigios" cuya propuesta es olvidarnos de ese valor que le atribuyo en esta letra a un arte lógico y enfrentar el arte mas absurdo. En un caso nos referimos a un tipo de trabajo donde se puede acreditar el valor del genio tras bambalinas, y en la otra a la "cosa contemporánea" de la cual se habló el 23 de abril en la vieja escuela preparatoria.

La Colección Coppel, curada por Tatiana Cuevas nos confirma el "gusto" del establishment. No parece que podamos liberarnos de esta prerrogativa que ahora nos somete a un trabajo intelectual enorme para entender una coordinación de personas quienes toman las decisiones.

Berta Cea, la coordinadora general del Antiguo Colegio, nos habló en el anfiteatro delante de sus grandes aliados. Enmarcada con el primer mural moderno de Rivera, su intervención la dedicó a citar cada socio y no a dar explicaciones.

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Uno por uno todos los patrocinadores fueron celebrados por su anuencia al periplo que nos conduce sobre 25 años de planteamientos radicales.

El Secretario de la Cultura no se presentó. Tovar y de Teresa tenía otro asunto pero nos habló en su lugar la Coordinadora de la Difusión Cultual de la UNAM la Dra Uriarte y el Secretario de la Ciudad de México quién al último declaró en varias ocasiones, estar contrariado por la gran selección.

Marepe, la imagen que seleccionaron donde salen objetos cuadrados con listones, finalmente nos hace click con una época terrible que vincula el valor de un mal ready made o instalación con un texto explicativo. En suma esta muestra revalúa al conjunto de la pieza, al propio artista y a la fortuna del propietario opuesto a la estética tradicional.

Se insistió en tener un rayito de esperanza pues el pueblo demanda la cultura y la consume como "la bendita agua del cielo", mas queda poca cuando se nos hace la advertencia; este tipo de curaduría busca específicamente provocarnos.

El mensaje es muy claro; Rastros y Vestigios, indagaciones sobre el presente, se posiciona como uno de los recursos número uno de los que disponemos para generar interés turístico. En esta muestra se desprecia cualquier relación vinculada a los murales del palacio.

No queremos arruinarle la sorpresa a muchos quienes saldrán extasiados de rabia pues la cachetada es con guante blanco.