¿A quién no le gusta el momento en el que se suspende lo humano? ¿Quién no se harta de lo que ya está fabricado, de la facilidad y la decepción de nuestros tiempos? ¿A quién no se le ha vendido que debemos salir de nuestro hábito con nuestra máquina para ir mas lejos dentro de lo natural?

Siguiendo un nuevo furor turístico por Baja California, coronado por la visita reciente del ejecutivo y sus secretarios de confianza, quienes han vuelto a hacer las vialidades del Rosarito hasta Tecate y relativamente Ensenada, salimos de la zona de confort.

Todo nuestro presupuesto se nos va en esta imagen cuando el coche se convierte en Pegaso y nos sentimos más grandes que los Dioses mismos atrayéndonos hacia lo desconocido.

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Esta época nos anima a cruzar orgullosos, sin miedo, en un lapso breve de tiempo para contemplar uno de los espectáculos menos valorados del mundo contemporáneo: el gran paisaje.

En esta zona vale la pena mirar el tablero y rectificar el combustible, pues saliendo de las montañas atribuibles a la sierra de la península el camino ingresa a la dimensión desconocida. Disculpen a la gente del ejército que cuida el paso un rato, por la libre a Mexicali, y siga usted el trazo de la culebra que nos acerca al Mar de Cortés.

Valió la pena llegar hasta aquí en la incertidumbre para maravillarse con el azul claro del "Acuario del Mundo" a unos kilómetros. Si bien las rejas de muchos dueños de latifundios quiebran la ilusión de "la vorágine", llegada cierta distancia, el hombre deja de producir sus cables y hasta el teléfono mas inteligente se queda sin señal.

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El nuestro no es el coche del futuro. Parpadea hasta aquí el medidor que nos hace ver cuan ignorante puede ser la bestia que desconsidera en su vanidad tecnológica factores como el calor o la resistencia de las llantas a unos tramos muy agresivos. El riesgo es sensible pues a la vía le salen dientes y uno trae llantas de bicicleta.

Con suerte alcanzan a ver un OVNI en esta zona. Se antoja acampar donde Dios escupió piedras, aquí sucede la magia por el sonido entre los planetas y el eco de las placas tectónicas que teóricamente chocan por debajo rompiendo el continente.

Por fuera, la corteza terrestre se vuelve un horizonte dividido por una vegetación muy intensa y muy verde que va dejando de si hasta que no queda nada... mas que unos árboles rematando con los picos montañosos.

Apagamos el radio. Al fondo el oleaje del famoso mar que casi circunda la falsa isla. Este es uno de los puntos en México de donde más energía se podría explotar, pues además de sol y viento, se registra incalculable poder en el choque de sus mareas; tanto así que Jaques Cousteau condujo una temporada el auge de una investigación documental nivel Patrimonio de la Humanidad en esta zona.

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Nada de esto sorprende cuando comienza el desierto de arena y se poncha el neumático. Precaución.: Al ir por la libre usted se expone a recorridos que deben hacerse con vehículos como los que salen en la tele y pasan a cada veinte minutos cual naves de guerra.

Hasta ahí no llegaron las casas rodantes, ni hay estaciones de emergencia, ni centros de investigación geotérmica. Un par de inocentes no llevaban ni agua. Evidentemente, ya no hay ríos. Sin la radio y sin el Facebook uno se siente más cerca de la prehistoria que de la cultura contemporánea.

Imaginamos los zócalos de México con intervenciones de estas rocas que yacen aquí. Luego podrían 20 helicópteros traerlas de regreso en un proyecto de toma de consciencia de los valores abandonados.

Mas tarde en Mexicali caminamos justo a la frontera para visitar la Casa de la Cultura que ofrece de cara a Calexico, variedad de actividades, incluyendo alguna exposición de artes plásticas.

Aparte del tumultuoso flujo hacia Estados Unidos a las 6 de la tarde, el templo de Nuestra Señora de Guadalupe no gira en torno a los poderes públicos. El barrio está construido para recibir al paisano, pero sus recintos no son tan arquetípicos y la traza resulta opuesta al lugar común en México. #Belleza #Vacaciones