Aquel que practica el surf en Oaxaca y en general asocia la experiencia de playa con el mar tibio y el clima caluroso, no se ha alejado mucho del Ecuador. De paseo por Baja California Norte constatamos con asombro un contrastante día a quema sol, con un frío viento que sopla desde el Rosarito y las playas municipales, hasta la región de Ensenada un ciento de kilómetros mas adelante.

Vamos por el camino buscando una playa virgen o algún punto donde se vea actividad marina, mas el paso es rápido entre los riscos. Rodamos seguros gracias a las renovaciones en materia de carreteras inauguradas recientemente. No se ve el mar sino mas adelante, pasando unos estudios de cine abandonados, más allá de la mancha urbana que va devorando el paisaje.

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Las tormentas del norte hacen del recorrido algo gris bizarro, pues aunque no es así todo el año, en la primavera no dan muchas ganas de salir ni siquiera a caminar. Se llega a Ensenada en un momento, no sobre citar puntos en el trayecto cuando el acantilado da lugar a muchas playas fantásticas y predios que se ocupan con un estilo de vecindario/casa rodante.

Apenas llegamos a la ciudad, la carretera se vuelve la vía primaria y no parece haber una euforia monumental por la belleza espectacular del punto geográfico. Hay unos bustos heroicos, empero, igual que en el caso de TJ, la población ha crecido considerablemente sin mucho tacto apropiándose de cada centímetro de la Patria.

No faltan tiendas de conveniencia u OXXO y lo mismo el puerto ha dejado amplio margen para que se construyan en las afueras de estas urbes encantadores Centros Comerciales con Multi Cines muy al modo gringo donde se deja 3/4 partes del lote para estacionar coches.

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No faltan tampoco Sanborns y todo tipo de camiones.

Después de comer en el único restaurante de productos marinos de la Costera, sintiéndose uno confundido con el costo de una tostada, los caminos se abren para permitirnos seguir por la península hasta un lugar geográfico de talla internacional por el fenómeno de la "Bufadora".

No es difícil el descenso. Nos reconfortamos cuando ya no hay remolques, si bien las líneas de la luz no necesariamente siguen el trazo carretero. Mucha gente en estos parajes ha desarrollado tecnología para extraer electricidad del sol y del viento con hélices y baterías. ¿Vivirán en las piedras?

Bajas y el viento te cortan la piel. El sol rojo encubierto por las nubes radiante y energético. La sinuosidad de la estepa montañosa desciende hasta una pequeña bahía, en la cual muchos lugareños han construido su economía con los turistas mediante 2 km de tiendas.

Tras tanto mareo, es necesario tener un espíritu muy ligero. Si aprestan en oído, escucharán los bufidos del demonio apenas apagar el motor.

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Hay un pasaje de 500 metros para proteger un silencio que ya no existe, pues las olas nunca dejan de golpear.

El oleaje puede variar en algunas horas. Depende de los movimientos de la tierra. En cada momento la "Bufadora" transforma estas frecuencias en un géyser que atrae nuestra atención y nos sorprende con la belleza de acciones sucediendo en las cuevas subterráneas.

No es algo que debamos ver. Salimos de esta obsesión por lo visual, por los efectos de la violencia gráfica y las fórmulas de entretenimiento publicitario. ¿Quién está detrás de esta mascarada? ¿Son nuestras emociones las que bufan buscando en el con fin de México la explicación de la cultura? ¿Qué tan mexicano es quién mora estas difíciles tierras compartiéndolas con alimañas, conejos y águilas?

Suena endiablada la erupción de agua. El #Turismo del mundo ríe cuando el rocío nos moja de modo sorpesivo. No se puede controlar, es algo que aumenta y disminuye tentándonos a comprender las soluciones que nos ofrece el poderoso mar.

Alcanzamos en esa misma velada la misa de las 7 de regreso en Ensenada. No se puede decir que sea la misma fuerza evangélica por estos rincones donde cada templo está consagrado a la Reina de México, a la virgen morena. No hay mucha decoración, ni muchos feligreses. #Arte