El País Museo se vistió de blanco para honrar a su máximo artista: Pinuccio Sciola; el escultor y pintor nativo de San Sperate (Sardegna, Italia) que falleció el pasado trece de mayo en la ciudad de Cagliari, cuando contaba con 74 años de edad.

El homenaje de cuerpo presente se realizó en su país natal, donde, por solicitud del ayuntamiento y con solidaridad de la comunidad, casas y negocios vistieron con velos blancos puertas y ventanas a manera de luto por esta lamentable pérdida artística. También su obra completa fue cubierta con velos blancos, así las esculturas y los murales, que en conjunto han hecho de esta ciudad un museo urbano y abierto, se cubrieron para guardar el #Arte en señal de alto respeto a su creador.

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Porque la trascendencia de Pinuccio Sciola va mucho más allá de su pequeña ciudad natal. Fue un artista cosmopolita, que adecuó a su entorno aquel arte que le fascino: el Muralismo. Y es que desde 1968 ya aparecía el atisbo de pintar murales en y para su país, de esta manera comenzó el periodo conocido como “anni della calce” llamado así porque los muros de las casas se pintaban de blanco a manera de prepararlos para los murales que vendrían. Pero fue hasta 1973 que tuvieron su punto cumbre, cuando Sciola viaja a México y conoce al muralista David Alfaro Siqueiros. Aunque para entonces el artista sardo ya conocía muy bien la obra del mexicano, sin duda este hecho trascendió sobremanera en la visión del artista de San Sperate. Y es que, al recorrer este País Museo se nota claramente una influencia de Siqueiros, llegando incluso a la exposición de sus réplicas, perfectamente identificadas y referenciadas.

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No sería casualidad que la afinidad de ambos artistas estuviera sustentada en esa forma de plasmar, en murales, la carga ideológica y una identidad exaltada por un pasado y sus raíces; que son, a la vez, clara explicación de un presente sumergido en la desigualdad y la deshumanización.

Con relación a esto el mismo Pinuccio dirige un homenaje a Siquerios en el año 2009. Es decir, cuarenta y ocho años después de ese atisbo por crear murales, este arte vive y revive con el paso de los años gracias a artistas locales que mantienen colorido y expresivo al Paese Museo. Ahí, donde muchas culturas convergen gracias a la pasión y visión de Pinuccio Sciola.

Otra faceta trascendental en la obra de este artista fue la escultura en piedra. A veces como figuras ornamentales urbanas, situadas en parques y principales calles de su país. Ahí están sus obras, en el Giardino Megalitico y a lo largo de Vía Cagliari. Probablemente sea la ruta que lleva a su casa-museo y taller. En su extenso patio, convertido en un espacio escultórico, están las piedras que ha esculpido y de las que ha logrado emanar sonidos que, a decir del autor “la piedra, como la estructura más importante del planeta, ha convivido con los elementos y ha guardado la historia de las civilizaciones, convirtiéndose en la memoria del universo”.

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Se trata de una expresión artística, donde naturaleza (la piedra) el trabajo humano (esculpir) y la percepción e instinto hacen emanar sonidos de la roca, creando música nunca antes escuchada; aunque según la explicación anterior, tal vez se trate de cómo el artista descubrió la forma de hacer resonar aquellos sonidos que un día la piedra guardó y han permanecido en su memoria.

Queda e País Museo sin su autor, donde al igual que las rocas, cada pincelada y cada mural, cada piedra esculpida y sonora guarda el arte y talento de un hombre comprometido con la expresión humana de los sentimientos a través de los sentidos.

Queda también el proyecto más ambicioso de Pinuccio Sciola: crear un museo abierto a lo largo de la carretera estatal que une al norte de la Sardegna con el sur, en un total de 240 kilómetros lineales de arte.

Es este el país que creó Pinuccio Sciola, un museo al aire libre donde las piedras cantan y las paredes viven: Santu Sperau (en lengua Sarda).

  #Museos #Europa