Volar es lo de hoy. Fue lo de ayer y parece que no habrá alteraciones en el modo de experimentar algo que aún hoy representa un ritual cansado. La experiencia de las butacas demasiado juntas, los retrasos y la "desatención" en el staff son las mismas. La amabilidad y los refrigerios se han monetizado para beneficiar al viajero que paga menos por su boleto.

La distribución del #Arte descansa en esta tecnología centenaria en un enredo con la fabricación del combustible que nos concede el poder de estar aquí en un momento y allá como si fuéramos Dioses, compartiendo obra e ideas, gracias a un curioso aeropuerto con pasadizo a San Diego.

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Bienvenidos a Tijuana. Por mas avances que vivimos, se llega incómodo y asombrado por la gran distancia. Aterrizamos ante un espectáculo maravilloso que compartimos con 500 testigos, mismos que ahora preferiblemente no deben fotografiar el panorama.

A uno se le hace injusto que censuren las tomas que revelarían la apariencia contemporánea de la vista en el sentido de la plástica, cuando se refiere al paisaje...a la representación de la corteza terrestre.

En unos minutos estamos en la Ciudad más al norte y más al oriente de nuestro país. Destaca la bandera monumental ondeando sensualmente en un cerro. "Aquí comienza la Patria" reza el dicho. El taxista nos advierte que cada barrio tiene sus desniveles, este encanto se acordona con algunas arterias ajardinadas y varios puentes que cruzan el río, o lo que habrá sido uno.

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No hay hoteles muy diferenciados. Destacan las construcciones de algunos nombres conocidos que se centran en el mercado de trabajo, si bien la ciudad anexa unas playas a su dominio. Ahí y en el Rosarito a 30 minutos hay hotelería más dirigida al tipo de turismo de sol y arena; aunque valga decir que en este punto del mundo no hacen los calores de Acapulco, sino más bien un frío de temporada.

El recorrido comienza en las calles de la Revolución y la Constitución, pues a partir de la séptima se deja ver lo más tradicional, en el sentido de un plan urbano que se repite en cada ciudad de nuestra nación. Uno desciende hasta la primera y cada calle nos recuerda un héroe de la historia. Más allá, queda el puente fronterizo que en otro momento debe ser bullicioso.

Aquí se encuentra la Catedral de Nuestra señora de Guadalupe. Se nota que no hay un carácter tan antiguo después de todo, pues donde uno esperaría una plaza de armas o palacio de gobierno, no se encuentra ni un mercado; en cambio el foco de atención es el recorrido que pasa por decenas de restaurantes y antros.

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En esta vía es donde tradicionalmente se retrata el turista con el burrito pintado de zebra. 

Gran variedad gastronómica se ofrece, mas se recomienda olvidarse del protocolo para probar la Birria callejera. No desborda la comida del mar, aunque se nota un comercio de mariscos en locales que se ubican mas adelante por la décima.

Decididos a confrontar nuestra identidad, ingresamos a la Galería del Centro Cultural de Tijuana, donde por sorpresa nos recibe una excelente exposición intitulada "Paisanos" que consistía en una regresión a la pintura, aunque no necesariamente en el aspecto académico o naturalista. 

El espíritu general mas bien transgrede los convenios de la tradición. Se escucha el grito de los artistas pues nos proponen formas de "no ser" aunque las visiones hagan lo contrario. Con técnicas de finos acabados, algunos plantean narraciones trágicas, en tanto otros nos confrontan con la simplicidad en la caligrafía de un mensaje.

Mediante retratos la colección de formato medio nos atrae por la sutil belleza en el sufrimiento de la frontera y el color de nuestros días asimilado a la ausencia de una identidad moral.

Toda la noche sonó la banda en un antro junto a la habitación. Este inmueble representa un tipo de diseño hotelero al estilo interior; sin ventanas a la calle, sin vista y como la mayoría de la zona céntrica, con un costo tan bajo de alquiler que supone otra clientela.