Finalmente me armé de valor para conocer este estupendo museo en una zona tan fea. ¡Y es que esa terminal y paradero del Metro Cuatro Caminos está como para espantar a cualquiera!

¡Vaya sorpresa!

Llegar al museo constituye una agradable impresión, una vez superado el tercermundismo del paradero y el tianguis, a pocos metros del cementerio. El FM4C es una antigua nave industrial enorme, estupendamente rehabilitada por la Fundación del veterano fotógrafo Pedro Meyer.

Una vez más la curadora Trisha Ziff se empodera en el espacio (deduzco que probablemente su trabajo en el FM4C es ser la curadora de casa) quien, impactada por una #Exposición doble en Los Ángeles, Cal.

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organizada por Jack Rutberg - quien fue el de la idea de juntar a los gemelos Witkin en una exposición - negoció con él y se la trajo.

Two much

Yo sentí que la exposición es tan fuerte que merece verse en visita exclusiva. Opino que la intención de dar a conocer a Jerome aprovechando la enorme fama de Joel Peter es buena estrategia de mercado. Sin embargo, para el espectador es una experiencia visual realmente devastadora por el fuerte contenido de sus imágenes. ¡Tuve que sentarme a tomar un respiro!

Joel Peter se volvió internacionalmente famoso en el mundo de la Fotografía en los años 80 y 90, cuando sorprendió con sus atrevidas imágenes en blanco y negro en las que utilizaba modelos deformes. Sus escenas barrocas trastocan los conceptos de belleza clásica de ese periodo pero siguen su rebuscamiento estético y temático proveniente en su mayoría de la mitología clásica.

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Su audacia desbarató convencionalismos de la moral pequeño-burguesa reinante al exhibir la deformidad en toda su crudeza, realzada por una teatral puesta en escena a la manera de los freak-shows de los circos del siglo XIX. La esmerada producción de cada foto incluye la búsqueda y contratación de modelos, atrezzo, pintura de telones y maquillistas.

Alto impacto visual

Si a esto añadimos que también utiliza cadáveres completos o en trozos para sus composiciones (Festín de tontos, 1990 es un bodegón tremendo) no hace más que avivar el fuego del debate moral y estético: ¿hasta qué punto es exhibible -aunque adornada- la decadencia y decrepitud humanas?, ¿cuál es el punto que divide la belleza de la fealdad? ¿En qué momento la curiosidad se vuelve morbo?

Por su parte Jerome, con una innegable maestría en la técnica pictórica, plasma escenas que van de la contemplación nostálgica (La última nevada, 2002-04) a la denuncia política (el impactante tríptico sobre el asesinato de Kennedy titulado Un crimen americano, 1992, Un judío en las ruinas, 1990, La muchacha alemana, 1997), el drama y la pesadilla en paneles de gran formato con organización modular.

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El holocausto judío, los campos de concentración, los hornos crematorios, el hambre, las pesadillas nocturnas y la desesperación se ven retratados con un estilo vigoroso, impactante y dramático con un extraordinario sentido teatral que comparte con su hermano Joel en escenas con gran carga narrativa.

El conjunto es un gancho al hígado temático y visual no recomendable para cardiacos, criterios estrechos ni digestiones delicadas pero sí para quienes saben apreciar la belleza aún entre los escombros de la condición humana. Un Witkin solo es fuerte, pero dos juntos ¡son demasiado!

  #Museos #Cultura Ciudad de México