Muchos son los pueblos que hemos confluido en esta región geográfica cuyo origen se entiende tan milenario como aquel del viejo continente. Los Judíos no han sido la excepción; su acogida ha dado resultados positivos en la amalgama social que conformamos.

Este grupo ha tenido un crecimiento fantástico. En breves décadas han creado un arraigo en la Ciudad de México tan fuerte como en Nueva York, aunque se entiende una época menos rígida con sub grupos que no se apegan ya estrictamente al "conocimiento tradicional" de su religión.

Cuan fuerte debe ser su credo si pese a las circunstancias diversas que la historia del mundo les ha planteado; aún se dan fondos para promover su verdad a través de muchas familias quienes comparten la responsabilidad generacional de administrar la proyección de sus valores.

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El empuje económico de los israelitas mejor adaptados ha venido moviendo su axis mundi del Centro Histórico, mas su presencia está detrás de muchas fachadas y son dueños de muchos edificios cuyo uso y deterioro es marcado en ciertos barrios. No es el caso del Instituto Cultural México/ Israel AC en la República del Salvador, justo a un lado del Museo de la Cancillería y la Biblioteca Lerdo de Tejada. 

Para avivar su identidad internacional, los patrocinadores de este centro disponen de una colección permanente orquestada en un recorrido de dos plantas. Así mismo en el fondo, hay un salón que vale para exposiciones temporales como "#Arte en Fusión" de Carol Neumann.

Aparte hay algunas aulas de uso variable porque la administración propone una agenda de actividades como la enseñanza del Hebreo y las festividades judías.

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El recinto original, cuya fachada se ha pintado de azul (contrastando con los vecinos) se ha respetado; no así el edificio, pues se ve que hay zonas donde la construcción original dio de si, abriendo mano a que una generación contemporánea de arquitectos y diseñadores resolvieran las necesidades estéticas como funcionales con frugalidad.

Uno accede en un ambiente tranquilo a un patio para luego revisar buena cantidad de chácharas dispuestas para crear la idea de la Historia, en el contexto más amplio. Al final se centra la museografía en la explicación de la vida moderna en este país hasta donde han debido migrar para seguir volcándose en sus creencias mucho mas antiguas que la era Cristiana.

Es interesante el modo como se planeó el recorrido que no puede sino revertir también el doloroso éxodo y las persecuciones a las que ha estado sometido el pueblo Judío, mas el terror se diluye con un acento iconoclasta derivando en propuestas estéticas que remiten a su Dios.

Tras contemplar el oficio en la obra de Neumann, numeroso y en formato pequeño, uno hace testimonio de un trabajo bello (en el sentido tradicional) que no existía en México, sino hasta finales del Siglo XX. 

Una colección numerosa de estos esmaltes repujados, nos pone al día con 20 años de trayectoria aplicada a la experimentación con diferentes metales como la plata, el cobre y el estaño, en un proceso de trabajo relativo al uso de hornos capaces de concentrar el calor a 500 grados centígrados para generar un efecto vítreo.

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Aparte de dominar su técnica implantándola mediante su taller y diseños, la autora, artesana, opone una versión narrativa sobre la cultura judaica a un trabajo más moderno con diseños cuya abstracción se encamina hacia el campo de las joyas.

En cada pieza es muy notoria la unidad en el contenido técnico. El significado se encuentra al servicio de una belleza típica que ha venido pasando de generación en generación. Uno mira esta calidad, pero no podría decir cual es el significado que las familias den a la lectura de la sabiduría en el esmalte que nos viene de la Edad Media.