Por Mitzi Vera

Cuando a mí, un sensible piano, me ocupan como mesa

No sé qué pasa… Arriba de mi cordal varios alumnos del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) colocan  flores  anaranjadas. Siento el frío de los pétalos, escuché que les llaman flores de cempasúchil.

Hoy 31 de octubre no hay clases. Volteo a mi alrededor y los niños y jóvenes pintan una trajinera de madera. En la corona dice “Ayotzinapa vive”.

Perla Ríos, la profesora de conjuntos corales explica a los pequeños estudiantes de entre seis y nueve años de edad, que 43 alumnos originarios de Ayotzinapa salieron de sus casas para ir a la escuela y no volvieron.

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La voz de la maestra se quiebra y su mirada luce triste mientras les cuenta el porqué de la ofrenda.

Afuera los de artes plásticas pintan alebrijes gigantes. ¿Qué ocurre? ¿Por qué no hay ensayos? ¿No van a cantar? ¡Prometo ayudarlos a entonar!

En el salón de enfrente colocan pan de muerto, se ve delicioso. Sí, de tanto que me tocan me a hambre, si bien me va me dan un poco de aceite de vez en cuando.

El profesor de solfeo, Claudio Agea les platica a sus alumnos que harán un concurso de ofrendas y deben seleccionar a un  músico mexicano (difunto)  para rendirle homenaje. #México