La quietud del desierto en el Norte de Baja California concede un aura templada al alba antes del infernal ascenso del sol. Mexicali se refresca un poco y más temprano que lo habitual comienzan luz y calor a curtir los sentidos.

En esta ciudad que oscila en el millón de habitantes, el trazo nos habla de una historia contemporánea y por lo tanto no hay un sólo centro, sino una zona urbana que se extiende dejando algunos oasis como el Parque Cuahtemoc.

Es un alivio entrar a esta pequeña área verde. El terreno invita a sentarse un rato a la hora del recreo. Hacemos la pausa ante un jardín desordenado, protegiéndonos del sol que quema la piel.

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Avistamos nuestro destino lejos de la sombrita de algunos pocos árboles fuera de contexto. No hay viento que de tregua a los calores elevando el pulso de los coches.

Este atractivo esta matizado por amenidades de orden público; es decir, quién se pasea puede realizar actividades ecológicas o lúdicas aparte de plantarse a comer con sus seres queridos. Hay un enorme parking a tal efecto y para contener a los espectadores que asisten a los eventos masivos.

Dando un poco la vuelta, en Mexicali, como en Tijuana y Ensenada, los intereses del Gobierno y los de la iniciativa privada han coincidido con una política por crear museos "de los niños"; de tal modo que sirvan como complemento y nutran su desarrollo intelectual.

Con el apoyo de un patronato de filántropos en esta región se consolidó el proyecto colocando en una esquina el "Museo Sol del niño", sobre la carcaza de lo que fuera un antiguo edificio emblemático de la bonanza algodonera. 

El predio se ha subdividido en varios pequeños sub mundos; se accede por el mismo portal al popular teatro IMAX con una programación de películas documentales, un jardín botánico y la antigua bodega transformada en un muy divertido ultra equipado salón de clases/museo.

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No se necesita ser niño para aprender gracias a los sofisticados juegos por doquier, pero sí se requiere de mucho tiempo y una voluntad incansable por abarcar toda la información que nos imponen la Ciencia y el #Arte como base para cambiar nuestro modo de adaptar la realidad.

El sol de la montaña rasgando los colores del cielo, nos conducimos ahora al Centro Cultural del Estado. Mexicali nos marca el recuerdo de una avenida de 50 bocacalles todas con señal de stop. En cada pausa el barrio se va limpiando del caos urbano dejando sitio a una colonia con casas mejor definidas. 

No hay muchos edificios altos o rascacielos, no hay semáforos y no se nota mucho la presencia de Calexico a unos metros siguiendo la frontera. Arribamos al recinto para llevarnos la mejor sorpresa con dos exposiciones de primer nivel. 

Primero los "Grandes Maestros del Arte Popular". Se ha montado cada pieza de un enorme catálogo cuya mano impresiona a propios y turistas. La revaluación artesanal nos conduce a cada cultura, a cada oficio.

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En cada pieza nos va la identidad.

La cerámica, la maquetería, el repujado. Las máscaras, los textiles, la talla de madera, el trabajo en piel. El barro, el cristal, los materiales como la paja, la cera. En cada obra maestra se funde la idiosincrasia de un pueblo dominado por la belleza y no sólo por la utilidad en el objeto creado. 

En este centro hay así mismo tres salas que sirven para presentar la historia, la arqueología y la paleontología. Es importante dejarse llevar por cada montaje y deleitarse con la presencia de un denominador común en la base de lo que es la historia del mundo.

Con muñecos vestidos a la moda de distintas épocas, muy diversos documentos históricos y científicos, ilustraciones e instalaciones en cada rincón, confrontamos las raíces históricas de este México, así como los peligros que conlleva su ubicación ante el movimiento tectónico.

Para su mejor administración los Poderes del Estado se encuentran instalados en enormes edificios en otro barrio. Aunque su planteamiento es administrativo, se requirió la participación de un muralista para decorar el espacio de convivencia. #Vacaciones