Son las 9:20 de la mañana, las mamás han dejado a sus hijos en la escuela y comienzan a llegar a su clase diaria de zumba. Una de ellas toma su lugar de siempre, se ve un par de segundos en el espejo que cubre toda la pared, se acomoda el cabello e inicia una plática con el instructor: “Me he sentido muy mal porque mi hermano aún sigue en la cárcel. No sé qué hacer, no he ido a trabajar, no tengo ganas de hacer algo”. El no rotundo es más que una constante, es un malestar que aqueja a más de una persona en el gimnasio Gladiador ubicado en la colonia Desarrollo Urbano Quetzalcóatl de la delegación Iztapalapa, considerada en 2010 como la más peligrosa de la Ciudad de #México.

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Aunque la semana laboral de Víctor Luna Castañón no inicia en este lugar, los lunes a las 8:15 debe estar puntual en el Sport City de Universidad donde gana dos veces más por clase que en Gladiador.

En su opinión el baile sirve como terapia porque "te mantiene ocupado, liberas toxinas y mala vibra. He tenido la oportunidad de trabajar con grupos de alcohólicos anónimos con activaciones físicas, así como con reclusos del Reclusorio Oriente y del Centro Femenil de Readaptación Social de Santa Martha Acatitla", explica.

Al interior de la cárcel se ha topado con historias tristes y otras de risa, hay individuos que le han contado que son culpables y otros que no. Cuando visitó ambos lugares procuraba llegar con una pulsera, un pin o un dulce para regalar, ya que al pedirle alguna de sus posesiones se dio cuenta de cuánto valía lo que él tenía.

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En el Cefereso llegó a juntar hasta 60 mujeres y en el Reclusorio hasta 30 hombres, con quienes fue más difícil el acercamiento “pues tienen una visión machista y creen que bailar los convierte en unos ‘maricones’”. Durante los primeros días sentía  desconfianza e intimidación ya que no había estado antes en una cárcel, pero con los días hasta aquellos que no se integraban a su clase lo saludaban. “Tenía miedo de que no me dejaran salir”, apunta.

Apodado como Pato por el Pato Lucas y las abreviaciones de las primeras letras de sus apellidos “Lucas”, considera a su hijo como su compañero de vida, a Diego Rivera como su ídolo y a Beto Pérez, bailarín y coreógrafo colombiano que creó el programa de acondicionamiento físico Zumba en la década de los 90´s, como su compañero de baile.

En 2015 el creador de la disciplina fitness dijo para el sitio web Correr y Fitness: "Los psicólogos me odian: hacer zumba es más barato que la terapia", frase que Víctor comparte. “A la gente loca no la lleves a un psicólogo ni a un psiquiatra, llévala a bailar porque recuerda que tú eres un loco igual que los demás.

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Tus sentimientos los sacas en el escenario o en la pista de baile, te olvidas de tus problemas económicos o familiares. Yo siempre digo ‘Dios moldea tu alma y yo moldeo tu cuerpo’”.

A sus 32 años cuenta que ha trabajado para telenovelas de Televisa como RBD, Misión SOS, El niño que vino del Mar, entre otras, y hace ocho se casó con la madre de su único hijo y de quien se separó casi al año de su nacimiento.

Pese a que el baile lo llevó a salir del estado anímico en el que se encontraba cuando se topa con alguien que pasa por la situación que él vivió, a veces prefiere no ayudarlo porque no lo permite o no acepta el consejo de una persona que fue alcohólica.

Con más de 10 años de experiencia y certificado con el nivel "master" experto (sólo hay 85 personas con una certificación en México por Zumba Fitness) menciona que bailar o ser instructor de Fitness  es una profesión que “sí deja” económicamente hablando. “Aquí hay de todo, sexo, drogas, fiestas, alcohol, vicios. En todos los eventos hay alcohol y muchos tratos se hacen en una cantina, lo he visto y lo he vivido. La mayoría de los tratos suelen ser exitosos”, relata.

Para el capitalino la Zumba es una forma de expresión igual que el ballet, es una forma de sacar todo el estrés y ejercitarse, que requiere de rutinas más no de coreografías como sucede con el baile. 

@JeaneteAlcantar

#Salud #Crónica Ciudad de México