En un esfuerzo coordinado, la Secretaría de la Cultura y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) engalanan parte del inmueble novohispano que se comparte con el Palacio Nacional con una atractiva selección de sus más valiosas joyas literarias.

Celebrando el desarrollo pausado que México ha dado en la elaboración de su memoria impresa, antes y después de ser colonizado, el Museo de las Culturas se metamorfosea con una museografía blanca que arroja un sentimiento constante de pulcritud de librero. 

Las explicaciones acerca de la historia misma del Instituto se narran en las fichas de tal forma que el visitante comprende periodos arcaicos cuando los Aztecas transmitieron sus ideogramas para asentar los eventos que llevarían a la importación de la imprenta.

Sabemos que se recuperó poco de los periodos antiguos de América, si bien sabemos poco también de los propios Mexicas.

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Las civilizaciones crecen aparejadas en todo el planeta desde antes de la llegada de Cristo, empero en el Nuevo Continente no se respetó el trabajo de una biblioteca como aquellas que ya para entonces se procuraban en cada reino. 

En estas tierras la tecnología que permitiría comenzar a hacer réplicas de lo que se podría hoy homologar al concepto de libro, no se comenzaron a hacer sino hasta mediados del Siglo XVI centrando la atención a la palabra de Dios y luego revirando sobre los registros propios de la Conquista.

Gracias a esta imposición se nutrió la clase alfabeta de cualquier título Europeo, aunque los temas de la antropología no fueron siempre financiados por el problema del trauma entre lo antiguo y la industria del libro que vendría para ir sentando las bases de la modernidad.

A modo de anuario se han dispuesto libros que nos llevan a los temas menos comerciales. En el caso de los libros de mapas y los facsimiles de los códices prehispánicos sentimos cierto placer en algunas lecturas que aún nos falta acerca del gran rescate que se ha hecho de una cosmovisión antroplógica.

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Destaca en esta muestra la implementación de algunas cajas de cristal. Uno mira por debajo el libro físico y por encima se descubre un libro digital. La tecnología más avanzada le da juego a este objeto y se pueden accionar con la mano pulsaciones hacia una lectura distinta de lo que es la material.

Sentimos así mismo, la seducción de títulos que conforman una biblioteca muy especial en la antropología filosófica de nuestra identidad. Es loable en el orgullo que deriva de lo nuestro ser cómplice de una sociedad que va dedicando su esfuerzo a la investigación y la preservación de un espíritu guiado hacia el conocimiento.

Intrigados con el concepto de los libros pasamos a la Casa de la Primera Imprenta justo en frente del Museo de las Culturas. La casona comparte sus espacios con tres administraciones. Además de restaurante, el espacio de modo regular se renueva con una exposición que puede ocupar tres salas del recinto boutique.

Además de presentar un repertorio contemporáneo acerca del #Arte cubano, siempre es grato reconocer las prensas que se conservan de una época distinta caracterizada por técnicas completamente opuestas a las cuales tenemos rápido acceso gracias al hardware de un ordenador y a los avances que buscan llevar el saber de una lectura a otro nivel de la existencia.

Cuba como cualquier nación cosmopolita no escapa a la imposición de un tipo de arte que se encuentra en el límite entre ser mercancía, concepto. La colectiva presentada en tres áreas propone una lectura disociada de la tradición mediante un repertorio muy variado de representaciones materiales y gráficas principalmente. 

¿No hay en este periodo una nostalgia extrema del último país con tendencias socialistas? Se rescata brevemente su pugna y su melancolía por aquello que desean abrazar con propuestas frescas cuya esencia es preguntarse si no habremos de desear el regreso a la fuerza del contenido basado en la técnica...

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y el espíritu... #Turismo #Cultura Ciudad de México