A veces lo contemporáneo no es solamente el recuento de lo que tenemos en las ciudades, si no el alcance de lo opuesto. La valuación del arte nos dirige paralelamente al centro que a reconocer reminiscencias de arte en las civilizaciones proto humanas.

La región de Lapurdi nos llama. La Franja de los Pirineos donde comienza la frontera excita la imaginación de los antropólogos y poetas la prehistoria. A nosotros se nos presenta la integración sensible de distintas ramas aplicadas de la ciencia y de la técnica lo que gozamos en fin de semana.

Audazmente cruzamos una carretera sinuosa que lleva a un par de caminos viniendo desde Vera de Bidasoa.

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Se reconoce un espíritu poco contemporáneo en los campos de maíz, sino solo en su modo de volcarse en entretenimiento para saciar a un creciente fluir de ciudadanos quienes desconocemos los parajes entre las montañas.

En América no parece haber un turismo tan vivo especializado en este tipo de aventuras rumbo a algo previo a la construcción de pirámides o chozas. Es evidente que el origen más antiguo debe estar en la oscuridad ahora intervenida por ingenieros en las cavernas de Sara para iluminar mejor algunas explicaciones infaltables.

Arribamos a Sarako Leseak. El chico francés en la taquilla nos habla en castellano y aunque tomamos el tour afrancesado, supongamos que el otro guía hace mas o menos el mismo recuento (como en Atapuerca) hasta el borde del camino menos civilizado (si bien se llega ahí por medios modernos que hacen antesala a la oscuridad como un museo de sitio y una sala exhibe un documental).

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Tras nuestro la luz eléctrica cede y de no ser por la implementación de diversos medios sonoros/ visuales, quedaríamos perdidos en el temor que se queda fuera. Avanzamos tranquilos hasta un reino donde abundan los olores y se percibe la presencia de miles de murciélagos.

Se insistió muchas veces en no retratar a los animalillos que de pronto se lanzan desde el infinito en la profundidad de la Baticueva hasta donde vamos pasando que parecen cúpulas areniscas. Se palpa un descenso en la temperatura y el sonido del agua dimensionando la boca en la tierra.

Lo más estético es un momento de regreso cuando ya se mira la luz del día y el cuerpo se relaja. Ahí se antoja imaginar a nuestros parientes antiguos hacer su vida en pequeñas tribus que se apropiaron de las galerías pétreas. Como vivimos aún el dispendio en burocracia, pero no en ciencia, la investigación va lento. Hay unos maniquíes para simular nuestro encuentro, o sea que culturalmente tampoco se acelera la moda.

Destacan, según se han rescatado, distintos vestigios, un interés por dejar mensajes permanentes en la superficie de las paredes.

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El recorrido es breve y luego uno puede revisar unos montajes muy rudimentarios acerca de como pudo haber sido aquel mundo. 

Los coquetos monos visten poca ropa; tenían vidas estables desarrolladas. Provisto con una cafetería y una tienda de recuerdos, las grutas son solo la puerta de entrada a sitios en la misma región donde se ha ido fortaleciendo un modo de financiar incursiones cada vez más profundas. 

Una curiosidad satisfecha para comprender el porqué el arte precede la idea contemporánea que lo aparta de un significado estético. Muchos artistas contemporáneos se han valido de estos recursos para proponer modos de entender el lugar que corresponde a la vida este tipo de belleza antropológica. #turismo de caverna #cultura Francia #antropología