Sé que la noticia no es de hoy. Ha llovido un poco. Sin embargo, no puedo quedarme con las ganas para  opinar al respecto y, de cierta forma, defender al hijo de Tere Vale y ex contertulio del ilustrado y entretenido programa de Cana 22, La dichosa palabra.

La metida de pata

La metida de pata de Nico Alvarado se debió simplemente a que, siendo funcionario público de una institución cultural – director del canal televisivo de la UNAM- pudo haber expresado su desagrado a la música del michoacano de forma más “políticamente correcta”.  Odioso pero cierto y lo digo por experiencia.

La parte más álgida de su artículo que hizo que el Juangabrielismo nacional institucionalizado se rasgara las vestiduras y le trinaran hasta de lo que se iba a morir es:

“Mi rechazo al trabajo de #Juan Gabriel es, pues, clasista. Me irritan sus lentejuelas no por jotas sino por nacas, su histeria no por melodramática sino por elemental, su sintaxis no por poco literaria, sino por iletrada”.

En fin, que la reacción popular fue una pasada, una exageración, otro de esos casos de pseudo-orgullo nacionalista guadalupano visceral y superficial que mucho sucede en el nopal patrio por sandeces y nunca por asuntos capitales.

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No es primicia

Es como una suerte de acto de contrición por omisión que tranquiliza el alma por “reaccionar” ante una bobería aumentada a nivel de “ofensa nacional” por un doloroso sentimiento de culpa - al no hacerlo ante algo realmente ofensivo e importante como el plagio de la tesis del presidente por poner sólo uno de las decenas de agravios que ha cometido - ante el silencio y la impunidad tácitos de todos.

Su caso es sólo comparable a la defenestración de la industria musical mexicana a Tiziano Ferro, quien en 2006 osó decir en tono jocoso en un programa de la TV italiana que no podría decir que las mujeres mexicanas son las más bellas del mundo porque son bigotudas (¡vaya insulto, vaya novedad, vaya mentira!) y a pesar de sus video-disculpas y apoyo de Dulce y Anahí, fue su tumba musical.

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Hace años Manuel Loco Valdés se refirió al Benemérito de las Américas como “Bomberito Juárez” y lo vetaron en Televisa.

Kitsch y Camp

Alvarado no mintió, le faltó diplomacia, fíjense como hubiera quedado su frase así: “No me gusta Juan Gabriel, soy un esnob clasista. Me irritan sus lentejuelas no por camp, sino por kitsch, su histrionismo no por melodramático, sino por simple, sus letras no por populares sino por demasiado sencillas”. 

No ahondaré en citar a los grandes teóricos del fenómeno kitsch que van desde Ramón Gómez de la Serna, a  Clement Greenberg pues no estamos jugando a ser sabihondos aunque algo sé de ésto. Resumiré que el kitsch no es un “estilo”, sino la producción humana resultado de dos impulsos: el sentimentalismo y la ostentación en un contexto de cultura popular (no intelectualizado).

El Camp es su hermano de leche y ya se acepta como la estética resultado de un sentido del humor irónico, ostentoso, exagerado, amanerado y artificial altamente atractivo.

Lentejuelas, lágrimas y risas

Cierto, las  canciones de Juanga son lacrimógenas, otras muy alegres y pegadizas Cierto, le encantan los brillos y lentejuelas, y su afeminamiento  - o “jotería” en argot mexicano -todo mundo lo festejaba sin juicios acullá.

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¿Melodramático? ¡Claro y a mucha honra! Todo cierto resumido en el brillo barato y vodevilesco de las lentejuelas.

Concluyamos con emparentar  a Juanga con sus homólogos kitsch y camp de aquí, allá y aculla para que no se sienta tan solo… #LaDichosaPalabra #NicolasAlvarado