Una de las preocupaciones cotidianas del mundo es el dinero. Con esa medida damos y recibimos nuestra educación a un punto que no se ve cerca ningún escenario realista donde las masas se comporten como efecto de funcionar por medio de otra relación. 

El buen gusto esta muy relacionados al haber de este medio material en primer término con el cual se compra lo mismo cualquier cosa que el tiempo mismo y el cariño de las personas. Al final quién tiene mas de la cuenta, parece mas feliz y si le sobra puede ponerlo todo en una caja bancaria para que trabaje. 

Los lindes de nuestra investigación nos llevan al imaginario estético del mercado siempre enmarcando el buen gusto, mas queremos apuntalar nuestra ignorancia en una belleza que deja volando parte de la explicación en donde era congruente el que los artistas sobrevivieran con a un destino en el cual los paradigmas de su trabajo vendrían a cuento con su ingreso.

Aspiramos encontrar en cada contemporáneo compromiso por su trabajo socialmente ligado al gusto, bien si su talento y su curaduría nos permitan otros comentarios en cuanto a si es bueno o malo.

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De tal forma que la mercancía cultural los haría participar en una economía actualizada remunerando en la proporción de sus proyectos. 

Grabiel y la Galería White Cremnitz nos proponen como contemporáneo el emplazamiento de algunas pocas estampas con motivos revolucionarios. El artista y las comisarias se plasman como Millenials, por ello se insiste en la pertinencia de un criterio que nos conduce complicar las explicaciones simbólicas como la un círculo.

Durante años este local en Bolivar lo encontramos cerrado. Concurrimos porque se encuentra vinculado a un edificio que comparte con Casa Serra mas de un misterio con el entorno y es el remate del corredor peatonal de Regina, un novedoso paseo popular que da harto ocio a cientos de jóvenes y turistas todos los días de la semana.

A espaldas quedan las Vizcainas cuya presencia perfecta nos acaricia hacia la verdad mas allá del dinero.

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En un descuido nos topamos con la cortina de metal arriba y aunque llevamos mas de 20 años callejeando el barrio, caemos en el embrujo de una galería.

Existe una distancia amplia entre un museo y un espacio cultural/comercial/privado. En este caso no hay mucha pompa, las puertas y ventanas de cristal de techo a piso le dan claridad a un ambiente Colonial formulado en blanco para lucir la riesgosa visión de un chico quien prefiere se le conozca como Grabiel, aunque se aclara su nombre en un texto que amablemente nos comparte una mujer joven.

Nos llama la atención otro texto en la pared atribuido a Carla Rippey quien presentó su trayectoria en el Carrillo Gil hace unos meses. Si fuera por lo que describe esta especialista, sería fácil pensar en una trayectoria emergente en tiempo y forma. Como tal pasamos nerviosos al pequeño recinto para hacer alguna foto.

Teresa Marmolejo y Dorottya Toth son la mancuerna soportando la obra cuyo sentimiento contemporáneo esta en la diversidad de interpretación de un círculo con pocas dimensiones que se presenta pegado a la pared sin ningún lujo aparte.

En otra sala se desliga la exposición hacia la gráfica que se deja ver apetitosa pegada al muro antiguo con alfileres.

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Aquí el aspecto artesanal nos pone en duda acerca de si el artista lo que nos vende es su capacidad para realizar y estampar grabados o si quiere decirnos algo en cuanto si la estética puede variar de la conceptología a la realidad nostálgica de la revolución de 1910.  #turismo cultural #galerías CDMX #Cultura Ciudad de México